La tragedia de Dionisio
Escrito por maru brunstein el Domingo, 30 de Septiembre del 2007 a las 2:14 pm Ir al Blog de maru brunstein
Se había colocado el piercing hace una semana. Por qué justo cuando tenemos que ir a cenar a casa de mis padres, había reclamado ella. Ella, que había ido a un colegio inglés. El único de San Juan Capital. El más caro, aparte.
Dionisio era inteligente. Brillante. Cuando ella lo vio en acción en la clase de Literatura. No le importaron ni los zapatos embarrados, ni la argollita en la oreja izquierda, ni el prendedor circular con la cara del Che, ni siquiera reparó en sus pantalones descosidos, con los bolsillos completamente vacíos.
El era la promesa de la Universidad, mientras viajan abrazados en el Coche cama, recuerda cuántas veces juntos, escondidos en el jardín de la Universidad leyeron pasajes de la Iíada y la Odisea.
Habían planeado el viaje con cuidado, ella no veía a sus padres desde hacía cuatro meses, y ellos, no lo conocían. La otra vez que ella viajó, el no quiso ir. Hay que ser prudente, estimó, tené confianza todo llega. El hablaba así, no como el resto de las personas, siempre parecía que enseñaba algo.
Ella sabía que el tenía un futuro promisorio, por sus notas, su carisma. Ella era buena estudiante, pero casi todo lo memorizaba, le costaba tener el entendimiento de él, por eso muchas veces terminaba escuchándolo como a un maestro.
Era admirable, cómo había podido sobrevivir a una familia tan complicada, una madre abandonada por su esposo, prácticamente madre soltera, a él lo crió la abuela, con mucho afecto pero escasísimos recursos. Aun así él había sobresalido en el secundario y logró que le paguen media beca en la Universidad.
Al medio día, el coche cama ya había tocado suelo cuyano. Los recibió la mamá de ella. La abrazó y entonces lo presentó. La madre abrió los ojos como una lechuza y volvió a cerrarlos enseguida frunciendo el entrecejo. Querido, que agradable sorpresa. Fue lo único que dijo.
El padre estuvo más locuaz, los recibió alegremente, despilfarrando chistes sobre antepasados, y prácticamente burlándose de todo el mundo. Varias veces lo palmeó a Dionisio por la espalda, como si fueran íntimos conocidos. Ella recordaba a sus padres perfectamente bien, pero tenía la extraña sensación que estaban distintos, como transformados.
Ël no dijo nada, salvo comentarios sobre el paisaje, y algunas pocas palabras, como qué simpáticos tus padres, con una sonrisa presa, que ella lamentó.
Pasaron el resto de la tarde, dando vueltas por los alrededores, ella le mostraba lugares de su infancia y le contaba anécdotas.
Se hizo de noche y llegó la hora de la cena. Tenían habitaciones separadas, y ella se apuró a bajar para llegar antes que él. Sus padres lo habían dispuesto todo. La mesa larga del comedor, las velas encendidas, tres pares de cubiertos a cada lado del plato, dos copas de cristal, una más pequeña y otra más grande. Incluso, dos señoras traían las primeras fuentes y las depositaban en la mesa.
Cuando Dionisio bajó, ella lo saludó con una sonrisa cómplice, pero él pareció no corresponderle. Por fin los tres en la mesa, la madre, se dispuso a decir el rezo como todas las noches antes de cenar.
En vez de eso, se la escuchó, con una voz grave y desconocida para ella, sentenciar desde lo alto unas frases en griego (que ella reconoció por la facultad).
Enseguida todo empezó a transformarse, ante su mirada estupefacta. Dionisio se levantó y empezó a vociferar nuevas frases en griego, el padre estaba iluminado por un resplandor naranja que enceguecía, la madre tomaba vino de una copa de dorada, mientras todos los animales que hasta hace segundos estaban en fuentes de plata, quietos, muertos y listos para ser degustados, cobraban vida y empezaban a correr desaforadamente y sin sentido por toda la sala. La gallina, blanca y plumosa, que había sabido ser un pollo con salsa de puerros, ahora desparramaba picotazos escandalosos, el sillón Tudor. Al tiempo, el asado de tira cocinado desde la tarde, se había convertido en una gran vaca negra, cuyas trancas apenas cabían entre el sillón y el aparador, por donde al empujaba insistentemente para pasar. Hasta el cochinillo tan sabroso con la manzanita en la boca, era un corpulento cerdo rosa que corría a Dionisio por toda la sala, destruyendo adornos, jarrones y cuadros a su paso.
Ella no podía creer lo que veía, quería gritar y las palabras se ahogaban en su garganta. Como si sólo le estuviera dado ver la escena sin hacer nada.
Los vió, a los tres entrelazados, rodando como una oruga entre los animales salvajes, besándolos y abrazándolos, formando un gran panaché humano-animal, que se contorsionaba y mezclaba en una gran orgía. Se escuchaban frases en griego, le pareció oír la voz de Dionisio como si viniera de los confines, sollozando, Hera, Hera.
No pudo explicar más, los sentidos se le confunden cuando lo piensa. Encontró una puerta abierta al jardín, y desesperadamente, bordeando por donde se podía la sala, escapó.
Corrió cuanto pudo, y halló una casa en medio del campo. Nunca le creyeron lo que les contó, pensaron que estaba loca, o tal vez cansada. Le dieron asilo y a la mañana siguiente volvió a casa de sus padres, con una sensación desesperada de miedo.
Da la casa, ni de ellos había rastros, en su lugar se erigía, altiva y enorme como un vagón de tren, una gran vid.
Hace tres años que es productora de vinos. Tiene su propia bodega. Pero no le cuenta a nadie cómo lo logró. Tampoco le cuenta a nadie que sus viñedos, dan uvas todo el año sin distinción de estaciones ni climas. Al decir de sus clientes, sus vinos son especiales, añejos, sin serlo. Además, dicen por ahí, que el que los bebe, libera sus instintos y que son fuentes de inspiración para crear, y animarse hacer cosas que antes no hubiesen hecho.
Ella se sonríe, y a veces, cuando contempla los viñedos, que ya son hectáreas, en la soledad de la tarde, se pregunta:¿Caerá sobre mi también la ira de los dioses?

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Categoria: Historias
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Comentario de Blanche 
Realizado el Lunes, 1 de Octubre del 2007 a las 12:16 pm
Moraleja: chavos cuando vallan a conocer a sus suegros quitence todo lo que traigan encima de metal y a ponerce la mejor ropa :lol:

