Vivo hace 13 años en Barcelona, nací en Villa María, Pvcia. de Córdoba, en Argentina, aquel país lejano al que vuelvo mil veces en los recuerdos, y pocas veces en avión. Apenas nos casamos, nos mudamos con mi mujer a España, y mi hijo, Sean, es catalán. Hoy festejamos su cumpleaños número 10, y hasta ahora, al irse a dormir, siempre me pide de le cuente un cuento, pero no acepta que sean conocidos, como cuando era chico, que le gustaba que le relatara Pinocho una y mil veces.
Ese día, en su cumpleaños, lo tapo hasta la nariz, hace frío en Barcelona, y le digo que le voy a contar una historia que le sucedió a su padre cuando acababa de cumplir su edad.
Me mira con los ojos ansiosos y acalorados, se sienta y me sonríe.
Me asomé por la ventana, era un día frío y transparente. Desde el balcón de casa se podía ver, de frente, la plaza del pueblo. Todas las plazas de los lugares donde mis padres me llevaban de vacaciones, eran cuadradas, una calle arriba, dos a los costados y una abajo. Pero la de Villa María, mi pueblo, era redonda, como una naranja madura, atravesada por dos diagonales. Parecía, que uno podía cortarla y comerla, de veras, como una naranja.
Pasaban mis 10 años, emponchado con gorro y bufanda, porque hacía mucho frío, las cuatro cuadras hacia la escuela había que correrlas casi, oponiendo resistencia sostenida a un viento que se volaba hasta el tiempo.
Lo peor siempre sucedía en la tercera cuadra. A la derecha entre dos sauces, se veía un caminito de piedras, angosto y funesto, enroscado en ramas y oscurecido por las copas de los árboles, que se perdían en un hueco negro.
Como todo pueblo, éramos muy supersticiosos, y decían todas las lenguas, que el que atravesaba ese sórdido pasadizo, llegaba hasta un pantano lúgubre, pegajoso y hediondo, donde una babosa gigante penetraba por la piel, ahogándote, y nunca más podías salir.
Nadie, pero nadie, en toda la historia de Villa María, se había atrevido a entrar.
Sólo había una leyenda, que pocos relataban, en la que un hombre y un labrador, enloquecidos por el amor de una mujer, se habían sumergido en el pantano, y nunca más habían regresado. Sólo las ropas del labrador, se habían encontrado meses después, enmohecidas y pestilentes, al costado de la ruta.
Yo temblaba de miedo cada vez que pasaba, me cruzaba de vereda, rezando que nunca saliera nada de allí.
Hasta que un día los hechos fueron sucediéndose fatalmente.
La verdad es que yo era tímido, no sobresalía mucho en la escuela, en los recreos, prefería estar solo, leyendo las aventuras de Julio Verne, que me había regalado mi abuelo. No leía de corrido, entonces me concentraba muchísimo para avanzar.
Una solo cosa no podía dejar de distraerme. Edith, la chica más linda que yo jamás había visto, ni en el libro, ni en los lugares de vacaciones a los que mis padres me llevaban.
Tenía el pelo oscuro y lacio, los ojos brillantes, la sonrisa eterna, los brazos de porcelana, y los pies pequeños como dos tortugas. Por ella, yo, todos los recreos, perdía el hilo de mi lectura, y la seguía silencioso, con infinita atención por todo el patio.
Era mi heroína. Mi sueño más preciado y oculto era hablarle, y decirle que sus ojos, como dos fueguitos radiantes, me seguían adonde quiera que fuera.
Pero un día, como dije, se sucedió lo peor.
Enrique, era el chico alto, forzudo y pretencioso de la clase, siempre presto a pelear, y a jactarse de ser el más veloz en las carreras, el más vivo en el truco, y por supuesto, el más ganador con las chicas.
Yo nunca me acercaba demasiado a él, como si perteneciese al Olimpo y nosotros pobres mortales, estaríamos condenados a sufrir sus oráculos.
Pero se metió con ella. Por esos errores del destino, Edith, en su perfecta existencia, había caído presa de una burla de la naturaleza. Su canino izquierdo estaba notablemente encimado a otro diente, razón por la cual, había aparecido ese día, luciendo unos flamantes aparatos. A mi me había parecido que el brillo de los alambres, realzaba aún más su mágica sonrisa.
Pero Enrique, que gozaba bromeando impunemente con los defectos de los demás, con la cojera de Alberto, la espalda encorvada de Analía, hasta los músculos fláccidos de la maestra de segundo!. Ese recreo empezó a perseguir a Edith por todo el patio gritando: Quién es la mas fea de las mujeres??? Edith, con la sonrisa de alfileres!!!!
Mientras ella escapaba desesperada.
Yo me mordía el labio inferior de bronca, estaba al borde del llanto, cuando los demás empezaron a aplaudir y a festejar las bromas de Enrique.
No aguanté más, me levanté de un salto de la grada, y fui directo al pecho del grandote. Mi metro cincuenta y pico rebotó como un resorte y lo senté de un empujón.
Desde el piso nos cruzamos las miradas, vi el odio furioso en sus pupilas. Ya no había vuelta atrás. Nos peleamos, y se formó una banda que lo alentaba. Golpeé lo más fuerte que pude, pero en mi única pelea, mis movimientos desequilibrados y ciegos, tiraban golpes al aire.
Recibí una paliza tremenda. Hasta que vino la directora y nos separó. A él lo amonestaron con una nota en el cuaderno de comunicaciones que citaba a sus padres al colegio.
A mi solo me retaron de palabra (el perdedor goza siempre de conmiseración)
A partir de ese día, comenzó una guerra entre los dos. Enrique me azuzaba constantemente, me engomaba los cuadernos al pupitre, ponía babosas de caracoles en mi asiento, y hasta llegó a cortar los frenos de mi bicicleta!
Lo peor, es que la seguía molestando a Edith, e incluso ahora quería ser su novio. Yo pensaba que era un ignorante, un troglodita. Pero un día, no aguanté más, me subí al pupitre y en frente de todo el grado exclamé:
ENRIQUE! TE JUEGO UNA APUESTA. EL QUE LOGRE ENTRAR AL PANTANO SECRETO Y VOLVER PARA CONTARLO, TRAYENDO ADEMÁS UNA PRUEBA REAL DE QUE LOGRÓ ATRAVESARLO, VA A SER EL GANADOR , A QUIEN NADIE PODRÁ MOLESTAR. Y ADEMÁS, VA A PODER SALIR A PASEAR CON EDITH! (la miré de reojo para ver qué cara ponía).
Enseguida todo el grado empezó a vitorear mi idea, hablaban, gritaban entre si, ya estaban incluso, imaginando un final trágico. Se notaba que a Edith la idea le había encantado, tal vez algo morbosamente. Las otras chicas la rodeaban, y le hablaban al oído, ella se sonrojaba, con la cara mezclada de pánico y felicidad.
Mi contrincante no pudo rehusarse, pero se notaba que tenía miedo. Todo el grado, se organizó en silencio. Y empezaron los preparativos. La cosa sería una mañana, un sábado, los chicos nos iban a encubrir con las excusa de un partido de football. A las 18.00 en punto, debíamos estar de vuelta en la esquina de la escuela. Sanos y salvos y con la prueba en mano. Se había elegido un comité que evaluaría las pruebas y elegiría la mejor, y por ende, al ganador.
Edith nos deseó suerte a cada uno. Aunque no se animó a darnos un beso.
Partimos esa mañana. Yo salí una hora antes.
Cerré los ojos y corrí durante veinte o treinta minutos en línea recta, sentía las piedras bajo mis pies, pero a veces el piso se movía. Especies de algas malolientes se me pegaban a la cara. Me tropecé varias veces, cayendo en un fondo lodoso y áspero, rodeado de piedras y troncos carnosos, sin embargo, no abrí lo ojos. Me pareció que una fuerza, como un viento del interior de la tierra me ayudaban a levantarme.
De pronto una brisa cálida impregnó el ambiente, e inesperadamente se oía a lo lejos una música de violines.
Yo seguía con los ojos cerrados, pero una luminosidad radiante me dio ganas de abrirlos.
Estaba en medio de un bosque, rodeado de altos árboles, por donde se colaban los rayos del sol, y tapizado en un colchón de hojas amarillas, verdes y ocres.
De pronto, se me acercó un perro con aspecto asesino, sus colmillos largos y filosos se trepaban al labio superior del cual emanaba una baba empalagosa color verde. Tenía colgado del cuello un cartel que decía: Sado.
Me asusté, agarré una madera del piso y se la arrojé, para espantarlo, con una puntería tal, que la madera fue a dar justo entre sus dos ojos. El perro, gemía desconcertado y atontado por el golpe. Ladró varias veces, movió la cola, y se transformó en un pichicho juguetón, que me empujaba con la cabeza para que lo siga.
Me escoltó hasta una casa antigua, deteriorada, pintada de un rosa pálido y con enormes puertas de madera. Al entrar hacía jueguitos para, que me siente en un sillón, desvencijado.
Bajando la escalera como un espectro, apareció una anciana, esbelta, tenía el pelo blanco atado en un rodete. Sus ojos miraban transparentes.
A mi me dio terror, por primera vez sentí un frío que provenía de adentro de mí mismo y no de afuera.
La viejecita enseguida tomo mi mano, me acarició la cabeza, y un suave alivio de calor me inundó.
Sirvió té en unas tazas de plata, y mirando fijo, repetía: Oh más que tanto, Oh más que tanto. Sus gestos eran gentiles y atentos.
De pronto, detuvo su monocorde frase, y entrecordamente dijo: Ya que te has atrevido a entrar en mi morada, creo que te debo una explicación. Hace mucho tiempo, yo vivía del otro lado del pantano, en Villa María, en una casa igual a esta pero más nuevita, tenía un patio y Sado era mi perro. También tenía un esposo. Pero una vez llegó al pueblo un labrador, del cual me enamoré perdidamente. Mi esposo, se enteró, y enfurecido lo retó a que los dos atravesaran el bosque hasta el pantano y se sumerjan en él. El que lograra volver primero sano y salvo con un testimonio de su hazaña, podría quedarse conmigo.
Así empezaron, cada uno en una dirección distinta, mi esposo se internó en el bosque sin rumbo fijo, y el labrador construyó un camino de piedras que unía al pantano con el pueblo.
Pero los dos se perdieron. Hasta que un día después de muchos años, el labrador, envuelto en una capa blanca y montado en un caballo, me vino a buscar. Yo estaba sentada en la galería, mirando el atardecer, y su figura se recortó en el éter como una saeta. El había perdido sus ropas porque se había transformado en un príncipe. No lo dudé, subí al corcel y me fui con él.
Construimos esta casa, y vivimos nuestra historia de amor, lejos de todos. Pero la venganza y la rivalidad nunca son buenos consejeros. Un día mi esposo, que había encontrado el camino, llegó y entonces los dos volvieron a enfrentarse en busca de su revancha. Nunca más los volví a ver.
Desde aquello, me he quedado en este sitio, en la soledad del pantano. Se detuvo un momento y agregó.
Ojalá, hubiéramos podido encontrar otra solución sin dejarnos llevar por el rencor, la pelea y el odio.
Luego se levantó, hizo un gesto de saludo con la mano, y antes de desaparecer en la oscuridad, me dijo:
Luchar por el amor es la batalla más hermosa, si se la libra con el corazón y no por la fuerza.
Sado me acompañó el camino de regreso, me llevó por un atajo que al parecer, sólo él conocía.
Poco antes de las 18.00 estaba en la otra cuadra de la Escuela. Muchos pensamientos pasaban por mi cabeza, sobre todo las palabras de la anciana.
Ahora sabía que la leyenda había existido, así como sabía que no debía repetirse. Cansado pero contento, llegué.
Los chicos me recibieron con gritos de júbilo y victoria. De mi contrincante no había noticias.
Cuando me increparon por la prueba, no supe que decir, me había olvidado por completo.
Entonces desde atrás del tumulto, con la cara más llena de alegría que nunca, Edith se abalanzó y me abrazó por el cuello. Yo no lo podía creer ¡Era lo máximo! Pero para mi sorpresa lo que ella perseguía, con locura, además de a mi, era medio medallón con una foto de ella mucho mas niña, que pendía colgado de mi cuello. Ella tenía una mitad idéntica, colgada en una cadenita de oro. Al parecer, desde nacer se la habían colgado como un regalo de su abuela, a quien jamás había conocido. Y ahora, pendiendo de mi cuello, estaba la otra mitad, cuyo paradero nunca conocieron sus padres.
Al fin y al cabo, había conseguido la prueba exigida ¿Habría sido la enigmática anciana que al abrazarme para despedirse la habría colgado de mi cuello? Era un misterio que nunca podría dilucidar, pero que me había unido a Edith mucho más aún.
Todo el curso aplaudió, vivando y gritando nuestros nombres!!!!! Eso fue una verdadera fiesta que duró muchísimas semanas, durante las cuales Edith y yo nos paseamos de la mano alrededor del patio, todos los recreos.
Mi hijo se aguanta el sueño para escuchar el final. Tiene los ojos húmedos igual que yo. Se los refriega, y me pregunta medio dormido ¿Y con Enrique, qué pasó?
Yo no puedo aguantar la risa, y entre cosquillas le digo : El muy sota se quedó en la casa escondido, mirando los dibujitos!!!!
Los dos nos matamos de risa, lo que debió haber despertado a Edith, que entró despacio, y prendió la luz.





10 Comentarios
at 9:18 am - 23rd noviembre 2007 Permalink
Maru, creo que de todos, indiscutiblemente este es mi favorito. Me encantó :lol:
at 12:55 pm - 23rd noviembre 2007 Permalink
Oye esta historia esta como para una pelicula, es fabulosa, me encanto!!!!!no pude dejar de leer con atencion cada detalle !!!!!
Haber cuado escribes otra, como esta o mejor!!!!
at 6:56 am - 25th noviembre 2007 Permalink
Maru que buena historia, me gustó, como dice Cesk es como para una pelicula, muy interesante. Gracias. :razz:
at 7:40 am - 26th noviembre 2007 Permalink
super linda la historia…. sobretodo el final!!
at 12:55 pm - 26th noviembre 2007 Permalink
Buenisssiiiimmmmaaaa, escribe mas como esta. :lol:
at 7:24 pm - 26th junio 2009 Permalink
que suuppeerr… historia deberias presentarselo a un director para que la hagan en una peli, chao…
at 7:30 pm - 26th junio 2009 Permalink
me encanto tienes un gran futuro como escritor famoso sigue asi
at 7:34 pm - 26th junio 2009 Permalink
fue una suuppeerr… historia, tienes un gran futuro como un gran escritor famoso, deberias darle a un director para que la pongan en una peli, chao…
at 7:40 am - 27th junio 2009 Permalink
Hola que tal Cami.
Antes que nada lo que deseo hacer en estos momentos es darte la bienvenida a nuestra casa y te invito a que nos visites muy seguido.
Me da muchisimo gusto que vieras este buen post, con una historia estupendamente escrita, en su momento lo disfrute y el dia de hoy la leere de nueva cuenta. Esta Genial.
Saludos a Todos.
at 7:44 am - 27th junio 2009 Permalink
Hola que tal Amigo.
Que bien, me da mucho guasto darte la bienvenida a nuestra casa.
Esta historia esta muy bien escrita y celebro que ahora este muy a la mano para quienos no la vieron en su momento la disfruten, a mi me gusto enormemente.
Y espero que Maru Brunstein nos visite de nueva cuenta y nos escriba otro post tan magnifico como este.
Saludos a Todos.
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