Los relojes de Linares y de Lampazos 
Escrito por Homero Adame el Miércoles, 2 de Julio del 2008 a las 6:53 pm Ir al Blog de Homero Adame
Hay noticias de interés local, y acaso regional, que difícilmente trascenderían fronteras si no fuera gracias al Internet. Hace varios días leímos una noticia que cimbró a todo un pueblo y a no pocas buenas consciencias, pero más cimbró una estructura que se desmoronó, literalmente, sin dejar piedra sobre piedra. El 15 de junio de 2008, la torre campanario de la catedral de Linares, N.L. se desplomó, así de simple.
Como no voy a dar detalles del incidente, ni sus causas o repercusiones, que para eso son los periódicos, mejor voy a compartir con los lectores dos versiones de una anécdota que habla, precisamente, del reloj de Linares, destruido desde la tarde del 15 de junio.
(Una versión de Lampazos)
En Lampazos hay gente mayor que recuerda cuándo y cómo llegó el reloj que tienen en la fachada de la parroquia. Aunque las fechas no se precisen, cuentan que las familias ricachonas habían juntado un sutupio de lana para comprar un buen reloj. Para ello, una comisión fue a Europa con el propósito de ver opciones y consiguió el mejor dentro de su presupuesto, nada limitado. Cuando volvió, explicó al pueble que sería un reloj muy fino, de cuatro carátulas, con una quinta más pequeña viendo hacia el interior de la torre, que serviría al relojero para ajustarlo o repararlo. La comisión también se hizo cargo de los asuntos del traslado y dijo que el reloj llegaría en equis fecha en el tren proveniente de Tampico. El entusiasmo de los pobladores fue generalizado.
Se aproximó la fecha del arribo del reloj y Lampazos se vistió de agazape. Para el día pactado, todo estaba listo y tanto la clase gobernante, como la eclesiástica, la elite social, el pueblo, la raza mitotera y hasta el telegrafista se dieron cita en la estación a esperar el tren, que ese día llegó a tiempo. La banda no dejó de entonar sus melodías para aumentar el guato. Era tanta la emoción que nadie se percató de que fue el tren de Laredo el que llegó a tiempo y no el de Tampico.
Mientras tanto, como la oficina de telégrafos estaba sola en esos momentos, nadie estuvo para recibir un telegrama que trataron de enviar desde Monterrey, en el cual se explicaba que por una causa inesperada y, al parecer, por un malentendido, habían bajado el embalaje en Linares.
Llegó el tren y ¡también el reloj! Bajaron el pesado embalaje y lo llevaron al atrio de la parroquia, donde, con gran borlote, lo abrieron con gran algarabaría, serpentinas, confetti y cohetones. Lo que nadie sabía fue que dicho reloj no era el destinado a Lampazos, sino que era el que iba para Linares. Ni siquiera las personas que lo habían comprado se dieron cuenta del error, quizá porque estaban tan emocionados como el resto de los vecinos.
Un tanto sacados de onda, los obreros tuvieron que corregir el orificio previamente hecho con el afán de ajustar las dimensiones del reloj para que su única carátula se viera en la fachada. Finalmente, colocaron el reloj en el campanario de la iglesia. Desde entonces ahí sigue, sin lucir ni ser relevante.
A mucha gente, y más a sus compradores, se le hizo extraño que el reloj en cuestión no fuera tan señorial como les habían prometido, ni que tuviera cinco carátulas. Entonces concluyeron que habían sido afederados por la firma europea que se los vendió. Días después, cuando se enteraron del error, nadie se atrevió siquiera a sugerir que quitaran el otro o que fueran a Linares a reclamar el propio, aunque sí presentaron una queja contra las autoridades linarenses, la cual no prosperó.
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(Una versión de Linares)
Cuentan algunas personas de Linares que el reloj que estuvo en la torre-campanario de Catedral hasta el pasado 15 de junio era riñoneado, literalmente, pues estaba destinado para otra ciudad.
Hace muchos años, la feligresía linarense aportó sus bilimbiques para comprar un reloj medio valín que emperifollara la única torre de la iglesia. Sin pasarse de botaretas, todos cooperaron y apenas acabalaron para hacerse de un reloj de una sola carátula y medio acorneliado, pero eso era mejor que nada. El reloj en cuestión, más barato que uno de arena, lo compraron en Estados Unidos, porque allá salía más baras (no era chino…) y llegaría en el tren de Laredo a Tampico.
En medio de la huarapa, por fin llegó tan ansiado día. El tren de Laredo iba a pasar por Linares a la hora de costumbre; es decir, tarde como siempre. Sin embargo, algún oreja se enteró de que en el tren proveniente de Tampico venía un reloj. Y ahí va de chismolero con las autoridades linarenses; aunque éstas sabían que el suyo venía desde otro destino y más tarde, ni tardos ni perezosos formaron un comité que luego lueguito ganó para la estación con la esperanza de que hubiera un error. Y lo hubo, o hicieron que hubiera, faltaba más.
Por extraño que parezca, ese día el tren llegó a tiempo y, en efecto, traía un embalamiento muy grande. La comisión linarense, leguleya y mal averiguada, le dijo al jefe de estación que “seguramente los güercos de Tampico se equivocaron al poner en la etiqueta Lampazos en vez de Linares” y casi a güilbur, si no es que a punta de fusca o con un buen moche (medio caciqueado, por supuesto), bajó el embalaje para llevárselo al centro. Como en pueblo chico el chisme corre pronto, cuando la comitiva y el reloj llegaron al atrio de catedral, ya estaba todo el pueble reunido y la banda pueblerina tocaba con singular alegría, pero bien desafinada, i’ñor. Con gran argüende abrieron el cajonzote aquél y a todos se les hizo raro que el relojito que habían comprado era en verdad un reloj muy señorial, de cuatro carátulas y otra adicional que serviría para que el relojero lo ajustara cuando fuese necesario. A nadie se le hubiera ocurrido en su alucine más aventurado que con tan poca galleta se pudiera conseguir un reloj tan fino, aunque hubiera estado en oferta o desconchinflado. Es más, ni siquiera lo querían tocar, no fuera a ser que les diera roña. A la raza maguacatera se le hizo medio curioso este asunto y empezó a decir que debía haber una equivocación, pero los enredistas del comité se encargaron de hacer correr la baraña de que se trataba de un regalo enviado del cielo, el cual fue avalado por el padrecito chocolatero y sus persignados alicuijes.
Los obreros, que para entonces ya habían abierto un boquetito en el lado poniente de la torre para dar cabida a la única carátula del reloj adquirido, se vieron obligados a expandirlo (sin más paga que un montón de indulgencias, ¡bien haya!) y, además, abrir tres orificios más para que las cuatro carátulas se vieran desde los cuatro costados del campanario. Una vez terminado este trabajo, mientras el guelengue continuaba, colocaron el reloj en la torre.
Fue así como por muchas décadas Linares tuvo un reloj ajeno, disfrutó el sonido de las campanas que marcaban la hora y los cuartos de hora y muchas de sus generaciones vivieron con el tic-tac de un tiempo que no les correspondía. Quien quite y el espíritu divino por fin cobró factura, aunque no para beneficio de la comunidad de Lampazos.
La catedral de Linares, antes y después…
Fotografías de Homero Adame
Foto de después… de Jorge Adame M.

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Hay noticias de interés local, y acaso regional, que difícilmente trascenderían fronteras si no fuera gracias al Internet. Hace varios días leímos una noticia que cimbró a todo un pueblo y a no pocas buenas consciencias, pero más cimbró una estructura que se desmoronó, literalmente, sin dejar piedra sobre piedra. El 15 de junio de 2008, la torre campanario de la catedral de Linares, N.L. se desplomó, así de simple.
Como no voy a dar detalles del incidente, ni sus causas o repercusiones, que para eso son los periódicos, mejor voy a compartir con los lectores dos versiones de una anécdota que habla, precisamente, del reloj de Linares, destruido desde la tarde del 15 de junio.
(Una versión de Lampazos)
En Lampazos hay gente mayor que recuerda cuándo y cómo llegó el reloj que tienen en la fachada de la parroquia. Aunque las fechas no se precisen, cuentan que las familias ricachonas habían juntado un sutupio de lana para comprar un buen reloj. Para ello, una comisión fue a Europa con el propósito de ver opciones y consiguió el mejor dentro de su presupuesto, nada limitado. Cuando volvió, explicó al pueble que sería un reloj muy fino, de cuatro carátulas, con una quinta más pequeña viendo hacia el interior de la torre, que serviría al relojero para ajustarlo o repararlo. La comisión también se hizo cargo de los asuntos del traslado y dijo que el reloj llegaría en equis fecha en el tren proveniente de Tampico. El entusiasmo de los pobladores fue generalizado.
Se aproximó la fecha del arribo del reloj y Lampazos se vistió de agazape. Para el día pactado, todo estaba listo y tanto la clase gobernante, como la eclesiástica, la elite social, el pueblo, la raza mitotera y hasta el telegrafista se dieron cita en la estación a esperar el tren, que ese día llegó a tiempo. La banda no dejó de entonar sus melodías para aumentar el guato. Era tanta la emoción que nadie se percató de que fue el tren de Laredo el que llegó a tiempo y no el de Tampico.
Mientras tanto, como la oficina de telégrafos estaba sola en esos momentos, nadie estuvo para recibir un telegrama que trataron de enviar desde Monterrey, en el cual se explicaba que por una causa inesperada y, al parecer, por un malentendido, habían bajado el embalaje en Linares.
Llegó el tren y ¡también el reloj! Bajaron el pesado embalaje y lo llevaron al atrio de la parroquia, donde, con gran borlote, lo abrieron con gran algarabaría, serpentinas, confetti y cohetones. Lo que nadie sabía fue que dicho reloj no era el destinado a Lampazos, sino que era el que iba para Linares. Ni siquiera las personas que lo habían comprado se dieron cuenta del error, quizá porque estaban tan emocionados como el resto de los vecinos.
Un tanto sacados de onda, los obreros tuvieron que corregir el orificio previamente hecho con el afán de ajustar las dimensiones del reloj para que su única carátula se viera en la fachada. Finalmente, colocaron el reloj en el campanario de la iglesia. Desde entonces ahí sigue, sin lucir ni ser relevante.
A mucha gente, y más a sus compradores, se le hizo extraño que el reloj en cuestión no fuera tan señorial como les habían prometido, ni que tuviera cinco carátulas. Entonces concluyeron que habían sido afederados por la firma europea que se los vendió. Días después, cuando se enteraron del error, nadie se atrevió siquiera a sugerir que quitaran el otro o que fueran a Linares a reclamar el propio, aunque sí presentaron una queja contra las autoridades linarenses, la cual no prosperó.
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(Una versión de Linares)
Cuentan algunas personas de Linares que el reloj que estuvo en la torre-campanario de Catedral hasta el pasado 15 de junio era riñoneado, literalmente, pues estaba destinado para otra ciudad.
Hace muchos años, la feligresía linarense aportó sus bilimbiques para comprar un reloj medio valín que emperifollara la única torre de la iglesia. Sin pasarse de botaretas, todos cooperaron y apenas acabalaron para hacerse de un reloj de una sola carátula y medio acorneliado, pero eso era mejor que nada. El reloj en cuestión, más barato que uno de arena, lo compraron en Estados Unidos, porque allá salía más baras (no era chino…) y llegaría en el tren de Laredo a Tampico.
En medio de la huarapa, por fin llegó tan ansiado día. El tren de Laredo iba a pasar por Linares a la hora de costumbre; es decir, tarde como siempre. Sin embargo, algún oreja se enteró de que en el tren proveniente de Tampico venía un reloj. Y ahí va de chismolero con las autoridades linarenses; aunque éstas sabían que el suyo venía desde otro destino y más tarde, ni tardos ni perezosos formaron un comité que luego lueguito ganó para la estación con la esperanza de que hubiera un error. Y lo hubo, o hicieron que hubiera, faltaba más.
Por extraño que parezca, ese día el tren llegó a tiempo y, en efecto, traía un embalamiento muy grande. La comisión linarense, leguleya y mal averiguada, le dijo al jefe de estación que “seguramente los güercos de Tampico se equivocaron al poner en la etiqueta Lampazos en vez de Linares” y casi a güilbur, si no es que a punta de fusca o con un buen moche (medio caciqueado, por supuesto), bajó el embalaje para llevárselo al centro. Como en pueblo chico el chisme corre pronto, cuando la comitiva y el reloj llegaron al atrio de catedral, ya estaba todo el pueble reunido y la banda pueblerina tocaba con singular alegría, pero bien desafinada, i’ñor. Con gran argüende abrieron el cajonzote aquél y a todos se les hizo raro que el relojito que habían comprado era en verdad un reloj muy señorial, de cuatro carátulas y otra adicional que serviría para que el relojero lo ajustara cuando fuese necesario. A nadie se le hubiera ocurrido en su alucine más aventurado que con tan poca galleta se pudiera conseguir un reloj tan fino, aunque hubiera estado en oferta o desconchinflado. Es más, ni siquiera lo querían tocar, no fuera a ser que les diera roña. A la raza maguacatera se le hizo medio curioso este asunto y empezó a decir que debía haber una equivocación, pero los enredistas del comité se encargaron de hacer correr la baraña de que se trataba de un regalo enviado del cielo, el cual fue avalado por el padrecito chocolatero y sus persignados alicuijes.
Los obreros, que para entonces ya habían abierto un boquetito en el lado poniente de la torre para dar cabida a la única carátula del reloj adquirido, se vieron obligados a expandirlo (sin más paga que un montón de indulgencias, ¡bien haya!) y, además, abrir tres orificios más para que las cuatro carátulas se vieran desde los cuatro costados del campanario. Una vez terminado este trabajo, mientras el guelengue continuaba, colocaron el reloj en la torre.
Fue así como por muchas décadas Linares tuvo un reloj ajeno, disfrutó el sonido de las campanas que marcaban la hora y los cuartos de hora y muchas de sus generaciones vivieron con el tic-tac de un tiempo que no les correspondía. Quien quite y el espíritu divino por fin cobró factura, aunque no para beneficio de la comunidad de Lampazos.
La catedral de Linares, antes y después…
Fotografías de Homero Adame
Foto de después… de Jorge Adame M.

Categoria: Historias, Mitos y Leyendas
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Comentario de ger 
Realizado el Viernes, 4 de Julio del 2008 a las 7:43 am
Hola que tal Homero! Exelente relato super agradable, cuenta con una narrativa fantastica.
Homero te felicito y agradesco tu aportación literaria al sitio.
Saludos a Todos. i ñor.
Comentario de luigi 
Realizado el Viernes, 4 de Julio del 2008 a las 12:30 pm
Como siempre un excelente post Homero. El “karma” siempre funciona y ahora se quedaron sin el reloj que les correspondía y sin el que “agandallaron” 





