Vagaba bajo el cielo cálido de Miraflores, un distrito sosegado de la capital, donde muchos trotamundos se hospedan y gozan deglutiendo opíparos almuerzos de la gastronomía autóctona. Avanzaba con la certeza inocua de encontrar un lugar acogedor para derrumbar mi cansado cuerpo vagabundo, y apreciar el firmamento, bañarme con la luz que obsequia la luna. De tal modo incito a que llegue la reflexión. Por que en ese estado, entre el cielo y la tierra puedo relajarme y buscar esa paz perdida e ingrata que ha desertado de mi mundo interno. Como todo caminante ensimismado, conseguí llegar a un puente sin desear llegar allí. Ese puente me llamaba con su luminosidad y con las almas que penan buscando también encontrar esa paz perdida.
Es un lugar famoso donde muchos fugitivos del amor despidieron su vida por culpa de un destino traicionero, que embosca, y luego de probar el agrio sabor de su vida tomaron la opción valiente o cobarde de lanzarse al vacío, estrellándose en ese hermoso césped, al que considero un lindo lugar para morir, dejando un trágico final como testigos al hermoso cielo azulejo y aun césped salpicado de pruebas.
Los barrancos verdosos que parecían decorar el último lugar de un suicida, me incitaban a lanzarme a ese entorno entrelazado con la modernidad de los edificios sofisticados. El mar sobrecogedor que dirige la luz de la luna hacia la orilla donde rompen las olas con furia y escándalo, me regalaba el espectáculo de las féminas forasteras trotando en diminutas vestimentas.
Llegó a mi mente la idea de que el mundo no se iba detener así caigan mil suicidas en ese escenario embriagador, y que el inicio de la vida puede ser tan precioso como lanzarse y fenecer en un lugar tan especial como este. Regalando finalmente un cuadro artístico del desamor.
El puente temblaba en señal de estar listo para observar un acto más, pero dado mi condición de soberano, me aíslo del lugar y me dirijo a un pequeño parque lleno de parejas y matrimonios que profesan amor al público, un lugar calmo donde encuentro la añorada paz y pierdo el insípido ruido mental. Me eché sobre el pasto húmedo y observe una vez mas la belleza de la luna llena, creyendo que los seres que amo están mirándola atentamente, y suponiendo en un lúgubre día verlos a todos reunidos en llanto, en una sacrosanta ceremonia por mi decisión suicida.
Reflexioné y quise creer que mas allá de esa luna llena rodeada de astros milenarios, de ese gran panorama calmo, había una esencia a la cual aun somos ciegos, neófitos, y en la cual hay un polen que libar, una esperanza que encontrar, un llanto alegre, una sonrisa limpia que coger.
Con la brisa del mar acariciándome, me encuentro dormitando y con el anhelo de ascender hasta lo más alto, superando los vericuetos necesarios del viento y de la vida, para mezclarme con el espacio infinito y ser parte de esas brisas tiernas que silban a la vida y a la muerte. Mas aun no lo veo tan mal abrir el telón un día y presentar la última escena, de este actor mediocre o caminante suicida, que acabe plasmando un final digno, en un día de vientos frescos, luna llena, barrancos verdes y sobretodo paz en el corazón.
Roger Alexander 08-04-2009
Diario: La curiosidad innata de ser.





4 Comentarios
at 4:52 pm - 8th abril 2009 Permalink
Hola que tal Alexander.
Me gustó, me gustó, buen relato, bien escrito.
Saludos a Todos.
at 1:48 pm - 16th abril 2009 Permalink
Si me gusto tu relato esta padre
at 8:43 pm - 16th abril 2009 Permalink
Hola que tal Omar.
Bienvenido a nuestra casa, bien por tu comentario,te invito a que continues con nosotros y te propongo que nos escribas un post, que te parece la idea?
Espero verte pronto.
Saludos a Todos.
at 3:09 pm - 23rd mayo 2009 Permalink
hola muchachos, que suerte tener estos comentario, siento que no los merezco jajaja , parecen contratados jajajajaja cuidense saludos…… . . .. . . .
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