
No pasará más de un día para que las manijas del reloj se junten y la historia habrá terminado. Toda una vida de promesas, sueños y penurias llegaran a su fin el mismo instante que la atrape con su cuerpo y alma, y tras el fondo de su tan larga espera la felicidad cobrará vida y su literatura se dotara de una historia más en su historia. Era el plan esperado de aquellos jóvenes que los años cubrieron de canas, pero los minutos se alargaban y el paso de tiempo fue trastocado por sus trastornos y por tanto esquivo a sus anhelos. No obstante esos instantes lo llevaron a merodear por rincones de su alma que no conocía dado su acérrima espera; ni pretendió conocer porque en su conspicua razón solo estaban las risas, alucinaciones y el éxtasis que llegaría con el amor de la mujer que prometía; ficción con la que escapaba de este mundo y para dejarse abrazar por las letras de sus cartas y la noche de cielo rojo carmesí que lo encandilaba.
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Para Milos de verdad, un escritor con segundo nombre inusual, que le causó bromas en todo su etapa escolar, la vida era un tanto especial en su manera de llevarla; para él no existía lo bueno o lo malo, el bruto o el inteligente, ni mucho menos Dios ni el diablo. Solo eran formas o caprichos de la creación de presentarse en su libre albedrío. Cuando menos lo pensé estaba seducido por su singular manera de pensar, totalmente abierta y franca “De tal modo esta hecho las cosas y la vida porque no pudo ser de otra manera, siempre hablamos de los hubiera y es cierto los hubiera han construido todo un paraíso inexistente” Él me dio esperanzas de creer que todo escritor no tiene porque ser un enfermo de ego, y con aquellas impetuosas cátedras pude ampliar mi visión de la vida; por ello preferí parar la mano un tiempo y meditar antes de continuar en el maravilloso oficio de crear historias, sumergirme en la ficción, perpetuar las líneas en el tiempo y encontrar en cada texto, frase o palabra una extensión de mi ser. Milos siempre prefirió la cultura obtenida por vivencia propia a la cultura obtenida por literatura y por esa misma razón me convencí por completo en dejar de leer y escribir al menos por un tiempo, y, en vez de ello ir a lo práctico, lo que podía aplicar, hacer, demostrar. Aprendí muchas cosas de él entre tantas otras a descubrir por medio de las letras de un autor en qué tipo de demencia padece y se lo agradezco de corazón porque eso fue un gran favor. Impresiona saber que no necesita discutir para llevar la idea a la razón y en una oportunidad me dijo que ser intelecto y renegado a la vez es una combinación muy dañina y no podía darse el lujo de usar el tiempo en esos causes. Milos de verdad había encontrado un estilo original en su escritura presentaba en su obra un universo de perspectivas, no buscaba presentarte una idea, sino mundos entrelazados que se creaban y morían como variantes de la existencia. No me rindo en preguntarme ¿Cómo diablos puede escribir de esa sublime manera? Hay algo muy singular en él, no es inteligencia sino una predisposición a ver las cosas desde un ángulo realmente amplio. Soy una de las pocas personas que no se ha burlado de su segundo nombre ya que he visto y leído muchas cosas de su vida, desde cuentos, notas de prensa, hasta escucharle discursos brillantes en la sala de profesores, sin embargo lo más impactante fue darme cuenta que en cada suceso que lo acompañaba no estaba el ego, la comparación, la crítica ni el castigo; por ello resulta que mas allá de ser un gran escritor es siempre Milos de verdad.
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No me percaté a tiempo que ya estaba trabajando en el centro de Lima, apenas hace 14 años atrás estaba por acá, cuando era aun imberbe, que quería ser solo diferente al resto, ya trabaja para mi familia, cobraba un sueldo semanal y lo gastaba todo comiendo . También pernoctaba en algunos antros que hoy están derrumbados por el galopante detrimento urbano. A pesar de todo eran también los años maravillosos, de las primeras experiencias y de la maravilla de la incógnita de saber si llegaría a ser algún día un adulto. Siempre trajinaba con chamarra en el cuello observando la pobreza que oscurecía a Lima, trataba de no acercarme por los lugares peligrosos, esos que siempre salían en los noticieros y lo único gracioso que observaba eran los perros callejeros que husmeaban en las calles. En aquellos años moría por Elvis Presley, quería ser como él aunque para ello solo tenía que soñar o volver a nacer. Sé que no fui el único en querer ser Elvis, ya había un John Lennon que moría por serlo también, pero a Lennon le tomó poco tiempo inmortalizar su nombre en la historia gracias a las letras que componía con la magia que lo dominaba, y a nosotros tener el consuelo y privilegio de observarlos en acción. Mientras muchos intelectos cerrados de aquella época eran aun reacios a la música de Elvis, muchos jóvenes lo habíamos convertido en una leyenda, éramos mayoría que simplemente no teníamos la aprobación de algunas cuantas mentes brillantes. Esa canción de Elvis, “Runaway” me traía cierta nostalgia invasiva, una especie de presagió que me sometía a ensimismarme y pronto aparecer consiente, otra vez, en las últimas esquinas de Lima.
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En efecto, el ser humano es una biocomputadora. Programando es fácil darse cuenta de aquella singular verdad. Tanto desde un pequeño error garrafal hasta un discurso estructurado de un erudito de la física moderna, todo viene desde adentro, todo se gesta y talla en suma o resta por una gran cantidad de factores llenos de variantes. Hubo un momento inicial donde se programó una actitud, dado las circunstancias de la vida y las variantes clásicas del entorno: familia, época, situación económica, etc.
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Estaba integrando una nueva práctica a mi vida. Cada vez que llegaba a mi departamento, me arrojaba exhausto en cama, miraba el techo blanco y vociferaba a todo pulmón lo estúpido que he sido, soy y seguiré siendo. Es una rutina que no sé si recomendar a algún ego maniaco, el hecho es que me estaba gustando aceptar mis culpas, socavar en rincones de mi alma, disminuir el ego y manejar la burla a sí mismo. No me incomoda que tanta gente pueda escucharlo, soy esquivo a la vergüenza gracias a un buen libro que leí hace varios años; por tanto tengo un límite menos para la automutilación de mi persona y ante el escarnio de la gente.
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Jhon era un experto del amor, siempre trataba de hacerle pensar a su corazón, se acercaba a los mejores círculos sociales donde es más probable enamorarse de alguien pudiente, culta, de intelecto envidiable. Amante del arte de Caruso y apasionado con las artes escénicas, frecuentaba un teatro lujoso de la ciudad donde a la vez era como su gancho con las mujeres. Era un hombre inteligente y temperamental, su lista de amores apenas llegaba a los cinco en su increíble experiencia de 40 años por la vida. Diplomático y fino hasta que cruzabas los límites de su tolerancia, cuando una mujer se enamoraba de él y no pasaba los filtros que anteponía se sentía acorralado como una fiera salvaje y no hacía más que intentar huir para no involucrarse con alguien distante a su alcurnia. Sabía que el amor le podría jugar una mala pasada, entonces armaba un berrinche y si era posible lapidaba a las mujeres que representaban una amenaza para él. En efecto, él era capaz de lanzarle una piedra, atravesarle el alma con los improperios más ocurrentes y luego tirarse en cama a reírse en su desgracia. Las incontables charlas que teníamos del amor no hacían más que deslumbrarme de su increíble capacidad de resistirse ante lo que él decía “Mujeres inadecuada a los planes” Aunque yo recién dejaba el colegio lo recuerdo como si fuera ayer, él me dijo una vez entre copas y cigarrillos: Primero escucha la razón, luego al corazón, si ambos te dicen lo mismo hazlo con toda ilusión. El cumplió su palabra como todo lo que profesaba y se quedó solo en el final de su historia, solo con su soledad y sus discos de Enrico Caruso.
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Es el alba que ha llegado en un día calmo, de nubes esponjosas. De pronto se me acerca su rostro fino oliendo a sándalo. Es ella, juega con mis labios, como desde el primer día y tiernamente me pregunta ¿Qué hay en un beso? – No sé que responderle, solo juego como niño con su cabello suelto. Estoy alegre porque en una mañana más ella me acomoda la almohada, me muestra el alma en sus ojos azul zafiro, me llena de amor con sus besos y me cuenta sus sueños haciéndome soñar también.
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Me secuestraron en una nave, de esas que le dicen ovni, me llevaron más allá de nuestro sistema solar, a los lugares recónditos y desconocidos del universo. Pasamos por decenas de mundos, observamos imperar la refulgencia de bellas supernovas, esquivamos grandes tormentas de meteoritos, y entramos en agujeros negros para acortar caminos en el espacio hasta llegar a la galaxia Andrómeda.
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Era la una de la mañana y un sueño envolvente me tenía prisionero en los brazos de Morfeo, sin embargo por un azar del destino una llamada irrumpe mi placentero descanso. Era mi amigo Kamil y me comentó con frenesí que frente a su casa, en un lujoso casino había llegado un tipo formidable, habilidoso, sorprendente, a los que él y yo denominamos “personas X”
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1.- ¿Por qué escribes?
Escribo porque me nace hacerlo; muchas veces por el disfrute de crear algo especial, otras por lanzar un mensaje positivo o de perspectiva, a veces por escapar de mi vida y vivir una vida diferente en un escrito, otras tantas por desahogo de sentimientos reprimidos. Escribir no es en lo personal un deseo autentico, creo que es en cierta forma una condena con múltiples rostros (positivos y negativos) Después de todo, por regla general, el escrito pinta a su escritor.
2.-¿De qué País eres? Quieres contarnos algo de su folklore, política, costumbres, tradiciones, etc
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