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	<title>El Blog Donde puedes Xpresarte Sin Restricciones - Xpresandote.com &#187; Rodriguez Prats</title>
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	<description>Solo hay una forma de decirlo... Xpresandote.com</description>
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		<title>El desliz de Beatriz</title>
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		<pubDate>Wed, 21 Jul 2010 15:49:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rodriguez Prats</dc:creator>
				<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[PRI]]></category>

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		<description><![CDATA[En el transcurso de nuestra historia, se pueden encontrar discursos nobles, generosos, que llaman a la concordia y a la política de reconciliación. Recuerdo excelentes piezas oratorias de priistas notables, por ejemplo, la respuesta de Beatriz Paredes al Primer Informe de Gobierno de Vicente Fox en el que recitó algunos versos de mi paisano Carlos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En el transcurso de nuestra historia, se pueden encontrar discursos nobles, generosos, que llaman a la concordia y a la política de reconciliación. Recuerdo excelentes piezas oratorias de priistas notables, por ejemplo, la respuesta de Beatriz Paredes al Primer Informe de Gobierno de Vicente Fox en el que recitó algunos versos de mi paisano Carlos Pellicer.</p>
<p>La patria necesita aquellos hombres</p>
<p><span id="more-8790"></span></p>
<p>que le hagan ver la tarde sin tristeza.</p>
<p>Hay tanto y lo que hay es para tan pocos.</p>
<p>Se olvida que la patria es para todos.</p>
<p>Si el genio y la belleza entre nosotros</p>
<p>fue tanto y natural,</p>
<p>que el recuerdo del hombre de otros días</p>
<p>nos comprometa para ser mejores.</p>
<p>Y doña Beatriz, con gran énfasis, remató:</p>
<p>La patria debe ser nuestra alegría</p>
<p>y no nuestra vergüenza por culpa de nosotros.</p>
<p>Es difícil ser buenos.</p>
<p>Hay que ser héroes de nosotros mismos.</p>
<p>Ahora, en contraste, Paredes ofrece, ante el asesinato de Rodolfo Torre Cantú, un discurso plagado de resentimiento, de mezquindad y de pobreza espiritual. Veamos su contenido.</p>
<p>Habla doña Beatriz de “una estrategia política de lucro con la tragedia que nos agravia”. Yo le pregunto, ¿quién la hace, a quién se refiere? ¿No convirtió ella el funeral en mitin político? ¿Por qué pronunció una arenga política en lugar de una oración fúnebre que honrara la memoria de su compañero de partido?</p>
<p>Exige “respeto a nuestro duelo” y demanda “sobre todo, justicia”. Y yo pregunto: ¿no es acaso el Ejecutivo estatal la autoridad responsable de investigar ese delito? ¿Quién ha atentado contra su dolor?</p>
<p>Posteriormente Paredes habla de “un ambiente de crispación que ha sido y es altamente dañino para la vida nacional y que deteriora el destino democrático del país”. ¿A quién alude con esas declaraciones?, ¿a los gobernadores priistas?, ¿a los legisladores de oposición que han obstruido la acción de gobierno?</p>
<p>Habla la dirigente de “la guerra sucia como método”. Ojalá nos pudiera precisar a qué se refiere con este término. ¿A que la verdad aflore?, ¿a que se exija rendición de cuentas?, ¿a que se denuncien delitos?</p>
<p>Señala también “instituciones democráticas debilitadas y de política envilecida”. Yo le pregunto: ¿quién puede tirar la primera piedra?, ¿sus compañeros de partido, sus coordinadores parlamentarios?</p>
<p>Habla doña Beatriz de la actitud de “querer ganar a cualquier costo” ¿De qué partido? ¿Acaso porque ante las arrolladoras máquinas gubernamentales de algunas entidades federativas los partidos hacen alianzas? ¿No será que el pragmatismo priista se está convirtiendo en cinismo?</p>
<p>Pero la joya más preciada de su discurso está en chantajear con la mención de que los legisladores de su partido hicieron el quórum para que el presidente actual rindiera protesta. ¿Se debía ignorar la resolución del Tribunal Federal Electoral? ¿No estaban convocados senadores y diputados a sesión ordinaria? Beatriz Paredes ha sido diputada, senadora; es más, ha sido también coordinadora de su grupo parlamentario. ¿Será que solamente asiste a las sesiones cuando piensa que puede obtener algo?</p>
<p>Habla Paredes de “los delegados federales que orientan su actuación con propósitos partidistas”. ¿Y los funcionarios estatales? ¿Y los delegados federales propuestos por los gobernadores que el gobierno federal ha designado?</p>
<p>Saluda la tlaxcalteca a las fuerzas armadas del país pero sus legisladores han atacado a nuestro Ejército en las cámaras, sobre todo en el Senado de la República, recinto donde se supone debe prevalecer la sensatez y la mesura.</p>
<p>Le preocupa que pueda surgir el “rostro más perverso, el autoritarismo”. No, ya surgió, es el de los actuales gobernadores priistas. El Presidente de la República tiene un poder acotado y hay un Poder Legislativo que es un verdadero contrapeso. ¿Existe algo parecido en el ámbito estatal? ¿Los gobernadores están respetando el Estado de derecho? ¿No se les ha dejado el absoluto control y la decisión de designar a los candidatos a sucederlos? A Fox y a Calderón se les ha atacado persistente y continuamente, sin percatarse de que, más que debilitarlos a ellos, se ha debilitado al Estado mexicano.</p>
<p>Sí, todo esto constituye un desliz en doña Beatriz, término que, según el Diccionario Larousse, significa, en sentido figurado, “Falta, especialmente deshonesta, extravío”.</p>
<p>No ha sido fácil para el PAN aprender a ser gobierno. Tal vez su más grave falla radique en la falta de malicia, el subestimar la capacidad del contrario para hacer el mal. Pero el PRI no ha aprendido a ser oposición. Está vigente el viejo reclamo de Gustavo Madero a los diputados en defensa de su hermano: “Muerden la mano de quien les ha quitado el bozal”.</p>
<p>Los partidos de oposición deben exigirle al partido en el gobierno que cumpla sus promesas de campaña, no que gobierne conforme a las plataformas de los partidos derrotados. El PAN como oposición fue responsable, asumió decisiones graves que implicaron deterioro electoral. El PRI, en cambio, no ha tenido reciprocidad y en varias ocasiones ha faltado a su palabra. Al PAN, con mezquindad, no se le ha permitido llevar a la práctica sus principios y sus políticas públicas.</p>
<p>Ha pasado una elección difícil. Es hora de que levantemos la mira. Es hora de la preeminencia del interés nacional. Los próximos meses serán cruciales para hacer las reformas que México requiere. Las próximas generaciones, con las que hemos sido muy irresponsables, no nos perdonarían que dejemos pasar esta oportunidad. Algunos critican las alianzas porque se mezcla el agua y el aceite. Sostengo que, por sobre esas figuras que aluden a ideologías, hay algo fundamental que está uniendo cada vez a más mexicanos sin importar las trincheras partidistas: la honestidad, el respeto, la responsabilidad. Esos son principios por encima de cualquier ideología. Ojalá el PRI algún día lo entienda.</p>
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		<title>La democracia emputecida</title>
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		<pubDate>Thu, 27 May 2010 04:50:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rodriguez Prats</dc:creator>
				<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[democracia]]></category>

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		<description><![CDATA[Juan José Rodríguez Prats Siendo candidato a gobernador por el Partido Acción Nacional en 1994, mi madre y mi hermana repartían un tríptico para promover el voto a mi favor. Un ciudadano recibió el folleto y de inmediato preguntó: “¿Dónde está la gorra?, ¿dónde está la camiseta?, ¿dónde está la despensa?” Mi hermana respondió: “Nosotros [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Juan José Rodríguez Prats</p>
<p>Siendo candidato a gobernador por el Partido Acción Nacional en 1994, mi madre y mi hermana repartían un tríptico para promover el voto a mi favor. Un ciudadano recibió el folleto y de inmediato preguntó: “¿Dónde está la gorra?, ¿dónde está la camiseta?, ¿dónde está la despensa?” Mi hermana respondió: “Nosotros no obsequiamos eso”. La respuesta fue contundente: “Pues van a perder”. En el Estado de Chiapas una señora, interrogada sobre el sentido de su voto al salir de la urna, reveló el nombre del candidato por el cual había votado. Al preguntarle el periodista la razón que la llevó a tomar esa decisión, respondió que le habían dado $200.00 a cambio de su voto. Ante la sorpresa del periodista, ella exclamó con toda naturalidad: “Que de algo sirva mi voto”.<br />
Enrique Krauze, hace muchos años, hablaba de la democracia sin adjetivos. Pero al analizar libros, artículos o propuestas, cada vez se arraiga más la obsesión de adjetivarla. Así, se habla de la democracia insustituible (Alonso Lujambio), la democracia integral (Eduardo Ibáñez), la democracia paralizada (Héctor Aguilar Camín y Jorge Castañeda), la democracia vulnerada (Jorge Alonso y Alberto Aziz Nassif), la democracia utópica (Sergio Zermeño). Platicando con un amigo sobre cómo el discurso para atraer el voto se restringe a ofrecerle al ciudadano todo sin reparar en deberes y obligaciones, le decía que tenemos una democracia prostituida. Él, de inmediato, como buen tabasqueño, me respondió que ese verbo le parecía muy elegante porque, en realidad, hemos llegado a una democracia emputecida.<br />
El problema arranca con una pésima legislación y una inmensa estructura burocrática que organiza y regula las elecciones. El derecho electoral en México no ha tenido claro cuál es el valor a proteger que, en este caso, es el de la voluntad ciudadana, el de la soberanía popular. Cada vez que ha habido reformas electorales, que prácticamente son sexenales, se ha protegido a los partidos políticos. En lugar de presumir la buena fe, que es tarea previa del legislador, se presume lo contrario y, por lo tanto, emergen propuestas casuísticas que han hecho del derecho electoral una madeja confusa cuando debería ser una serie de normas sencillas y accesibles al ciudadano. Se cree que los órganos, para ser confiables, tienen que ser colegiados y eso nos ha llevado a un enorme aparato electoral que inclusive tiene dos estructuras paralelas haciendo exactamente lo mismo: las estructuras estatales subordinadas a los ejecutivos locales y la estructura federal limitada a hacer elecciones cada tres años con una burocracia y partidas presupuestales permanentes. Cuando al hacer una ley no se tiene preciso el fin que se busca, como es el caso, esa ley resulta ineficaz o, lo que es peor, produce efectos totalmente contrarios a los principios del orden jurídico.<br />
Alguien me platicaba que en una visita en Bonn, Alemania, le mostraron las oficinas del órgano electoral. Para su sorpresa, resultó ser una casa muy modesta en la que había tres empleados encargados de actualizar el padrón. Cuando fueron interrogados sobre quiénes hacían las elecciones y cómo se organizaban éstas, ellos respondieron con naturalidad: en cada proceso los ciudadanos las realizan: instalan las casillas, la ciudadanía vota, se cuentan los votos, se emiten los resultados, que todos acatan. Al final de la jornada, regresan a su casa, conscientes de haber cumplido con sus deberes cívicos.<br />
Nuestro derecho electoral ha sido producto de negociaciones en las que el PRI buscaba preservar sus privilegios de partido hegemónico y la oposición buscaba arrebatarle las posibilidades de auténtica participación ciudadana. Eso nos llevó a un derecho que, como bien lo expresa el refrán popular, “El que hace la ley hace la trampa”.<br />
Desde que estudié la carrera de Derecho, siempre creí que la voz moral, como bien lo indicaba el filósofo Kant, es autónoma y que resulta mucho más eficaz que la norma jurídica que es heterónoma y coercitiva.<br />
El problema de la democracia es cultura política, exige el respeto de valores fundamentales, como la aplicación de la ley, el respeto a la verdad, la tolerancia. Pero, de manera especial, la imparcialidad de los órganos del poder, la confianza en la capacidad del ciudadano y el respeto a su dignidad. No es reprobable que una gente en un cargo público apoye a un candidato en campaña pero sí lo es canalizar recursos públicos, distorsionar la política social, subordinar los órganos electorales, frenar a los medios de comunicación, reprimir a los partidos opositores y amedrentar a quienes no coinciden en el apoyo al candidato del partido en el gobierno. Sobre todo, si todo ello va acompañado de una brutal propaganda, manifiesta o subliminal, para inducir la preferencia del voto. Un partido que no pone la preeminencia del interés nacional por encima del interés partidista deviene partido faccioso y eso es lo que tenemos en muchas entidades de la república.<br />
La democracia es el sistema político de la ética. Por eso, tenemos que insistir en deberes porque el deber es la expresión más solidaria del ser humano. Ahí está la conciencia superior que nos induce a asumir tareas. Ahí está la obligación sublime del ser humano con los demás. Sin eso, podremos seguir empecinados en querer hacer todo a través de leyes. En cada legislatura felicitarnos unos a otros porque seguimos perfeccionando el derecho electoral y sus instituciones pero los resultados seguirán siendo los mismos.<br />
Es demasiado iluso haber creído que arribar a la democracia iba a ser de una vez y para siempre. La democracia es un largo proceso, es brega de eternidad. Siempre será perfectible y siempre requerirá de todos el acatamiento elemental de nuestros deberes cívicos, sobre todo de nuestros gobernantes, de nuestra clase política, porque ahí debe radicar el auténtico liderazgo.</p>
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		<title>El derecho exuberante</title>
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		<pubDate>Fri, 21 May 2010 16:04:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rodriguez Prats</dc:creator>
				<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[Drecho]]></category>

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		<description><![CDATA[EL DERECHO EXUBERANTE 16 de mayo de 2010 México ha tenido un grave problema: no ha definido para qué sirve el derecho. La realidad se ha manoseado sin modificarla a través de normas jurídicas que parten de distorsiones graves. Por un lado, el diagnóstico de las conductas que se quieren modificar y, por el otro, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>EL DERECHO EXUBERANTE<br />
16 de mayo de 2010<br />
México ha tenido un grave problema: no ha definido para qué sirve el derecho. La realidad se ha manoseado sin modificarla a través de normas jurídicas que parten de distorsiones graves. Por un lado, el diagnóstico de las conductas que se quieren modificar y, por el otro, la imprecisión de los valores que deben inducir a esas conductas.<br />
El derecho sirve para muy poco y a veces es más lo que estorba; no hace mejores a los hombres, sino que intenta evitar que seamos peores. Es, en fin de cuentas, una teoría que intenta aproximarse a la práctica, respaldada por la autoridad del Estado y por la conciencia legal de gobernantes y gobernados. Solamente se puede legislar sobre lo que es reformable y una norma jurídica que se concibe con la convicción previa de su imposible realización deviene demagogia o letra muerta.<br />
Veamos cómo algunas voces notables han concebido el derecho para confirmar los contrastes:<br />
Hidalgo pedía leyes suaves, benéficas y adecuadas a las circunstancias de cada pueblo.<br />
Morelos depositaba su confianza en las buenas leyes. Señalaba que como la buena ley es superior a todo hombre, las que dicte el Congreso deben ser tales que obliguen a constancia y patriotismo, moderen la opulencia y la indigencia, y se aumente el jornal del pobre, de tal suerte que mejore sus costumbres, alejando la ignorancia, la rapiña y el hurto. Por eso en la Constitución de Apatzingán quedó establecido que la ley es la expresión de la voluntad general en orden a la felicidad común. En ese documento se llegó inclusive a hablar del concepto de felicidad.<br />
Justo Sierra señalaba que la Constitución de 1857 era romántica pero poco efectiva. Y es que la burocracia porfirista consideraba que los mexicanos son incapaces de gobernarse a sí mismos democráticamente; necesitan de un padre benévolo que los guíe y que aplique flexiblemente el sentido general de la ley.<br />
Emilio Rabasa afirmaba contundentemente: “Todo lo hemos esperado de la ley escrita y la ley escrita ha demostrado su incurable impotencia”.<br />
Manuel Gómez Morin opina: “…hacemos leyes ambiguas, plagadas de errores gramaticales, propicias a todas las interpretaciones, confusas en su ideología, faltas de un plan, de una idea central, que armonice con el conjunto, que le dé fuerza y que permita una interpretación correcta en los innumerables casos en que la duda y la laguna en la ley no pueden evitarse”.<br />
Muchos autores clasifican los diferentes sistemas jurídicos en dos grandes rubros: 1) los que son conducidos por las costumbres, por lo que el legislador únicamente plasma en la ley lo que la realidad ya ha convalidado y, 2) los que se orientan por un derecho deliberado; esto es, por normas que emanan de órganos colegiados y que pretenden orientar la realidad. El problema, en el segundo grupo, consiste en que muchas veces esos órganos colegiados están atrofiados y, por lo tanto, el derecho no guía la realidad, sino que la sigue. Es decir, va detrás de ella. En tal caso, no cambia al compás de las modificaciones de la realidad social, derivando en formas anquilosadas, fósiles y lejanas a los hechos vivos.<br />
Nuestro derecho es malo. No se ha definido adecuadamente el ámbito de lo jurídico. No se ha definido correctamente sobre qué legislar y muchas veces nos orientamos por ocurrencias. Recientemente un legislador, sin conocimiento alguno, proponía la barbaridad de una Ley de Cultura.<br />
No toda la sociedad debe ser legalizada y se tiene que desechar la idea de que emitiendo una ley o creando más burocracia se resuelven los problemas. La experiencia demuestra que de esa manera las soluciones se complican en la mayoría de los casos.<br />
Desgraciadamente, a diferencia de otras disciplinas en las que sólo intervienen los profesionales, el derecho es una materia que, por su naturaleza, está en manos de corrientes de opinión, de intereses particulares o de partidos. Siempre resulta insuficiente, siempre es mejorable y, por lo tanto, nunca es definitivo.<br />
Nuestra Constitución es un mal texto jurídico. Su contenido emana de dos filosofías políticas: el liberalismo individualista del Constituyente del 56-57 y el nacionalismo estatista del Constituyente del 16-17. Documento abigarrado y discordante, ni siquiera logra deslindar lo público y lo privado. Única constitución en el mundo que consigna derechos que protegen al Estado de los individuos, cuando precisamente el origen de las constituciones está en la defensa de la persona frente al aparato estatal.<br />
Al inicio de la década de los años noventa se dio una intensa revolución constitucional. En América Latina casi todos los países se han dado un nuevo texto, incorporando las nuevas corrientes. La culminación de este gran movimiento lo establece sin duda la Constitución de la Unión Europea que desafortunadamente no culminó con éxito.<br />
En México el debate es añejo: una nueva constitución o seguimos parchando el texto actual. Me parece que el artículo 135 constitucional, por su rigidez, no deja más remedio que seguir parchándola. El Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución nos deberían convocar a señalar prioridades y a asumir la tarea. En los últimos cambios profundos a nuestra Carta Magna es fácilmente detectable que los poderes Ejecutivo y Legislativo actuaron ante hechos ya consumados. Se terminó el reparto legal de la tierra cuando ya no había tierra por repartir. Se reconoció el derecho a impartir educación religiosa en los recintos escolares particulares cuando esto era ya práctica común. El reconocimiento de la personalidad de la Iglesia y su relación con el Estado acabó con una enorme y añeja simulación.<br />
La tarea, pues, es urgente. Es criminal que México no progrese por no modificar leyes. Eso refleja mezquindad y rechazo a la preeminencia del interés nacional. Duele que en las evaluaciones mundiales, por culpa de una mala normatividad, México tenga una mala calificación. Ojalá pronto asumamos la tarea.</p>
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		<title>El PAN y los Derechos Humanos</title>
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		<pubDate>Tue, 18 May 2010 03:36:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rodriguez Prats</dc:creator>
				<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[Derechos Humanos]]></category>

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		<description><![CDATA[Juan José Rodríguez Prats A Adriana González Carrillo y a Rubén Camarillo, con mi solidaridad por su lucha en defensa de los derechos humanos. Siempre es un deleite y un aprendizaje leer a Borges, quien sacude conciencias cuando expresa: “Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Juan José Rodríguez Prats</p>
<p>A  Adriana González Carrillo y a Rubén Camarillo, con mi solidaridad por su lucha en defensa de los derechos humanos.</p>
<p>Siempre es un deleite y un aprendizaje leer a Borges, quien sacude conciencias cuando expresa: “Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en que el hombre sabe para siempre quién es”. Esta idea también se puede aplicar a las instituciones políticas. El Partido Acción Nacional, desde su origen, ha sido denodado defensor de la persona frente al Estado. A diferencia de Vicente Lombardo Toledano, compañero y miembro del grupo de “Los siete sabios”, que veía en el Estado las soluciones fundamentales, Manuel Gómez Morin desconfiaba del aparato público. Catedrático de Teoría del Estado, estudioso de los filósofos griegos, siempre se preocupó y ocupó de los esquemas para intentar frenar los abusos del poder y en defensa del ciudadano. Por eso en el núcleo de la doctrina panista se encuentra el respeto a la dignidad de la persona humana.<br />
La dignidad designa el grado o calidad que constituye digno; es una condición del sujeto que lo hace acreedor a algo. En otras palabras y en una definición muy escueta, tener dignidad significa tener derecho a tener derechos. Si se afecta esa mínima esfera jurídica del hombre –constituida por sus libertades básicas y sus derechos civiles y políticos–, se está atentando contra su dignidad. No hay para dónde hacerse. Cuando un Estado atropella a un ser humano en sus derechos elementales, el PAN debe ser solidario con esa víctima del abuso del poder; sus principios lo impelen a ello. Concretamente, no se puede ocultar la violación de los derechos humanos de la dictadura castrista. Basta escuchar las declaraciones de Guillermo Fariñas para percibir que se trata de un hombre de cierto nivel educativo, con convicciones, que decide asumir la más extrema medida en solidaridad con sus 26 compañeros, presos políticos, que se encuentran en malas condiciones de salud.<br />
Acción Nacional presume –y me parece que con sustento– de tener identidad. Esto se puede constatar a lo largo de su historia por los principios que ha sustentado. Sin embargo, el momento de la verdad al que se refiere Borges le llega al PAN al asumir el poder. Por ello, me parece absolutamente panista la actitud de los senadores para hacer un exhorto a la hermana República de Cuba para que “abran canales de diálogo político y concedan la libertad a quienes se encuentran privados de ella en razón de sus ideas”. No hay en este llamado ninguna ofensa ni atropello a la soberanía. Duele que por un senador panista se haya perdido la votación. Duele por su trayectoria y porque convivió con muchos de los fundadores del PAN. Duele por su justificación con el argumento simplista de que la propuesta era “una bobada”. Con ese tipo de actitudes se olvida una viejísima lucha de abnegación y de perseverancia desarrollada en más de 70 años de vida política.<br />
Al PAN le ha ido mal cuando se ha alejado de sus principios. Desde el arranque del gobierno del presidente Fox hizo falta un ejercicio de reflexión sobre las directrices que debían orientar al PAN en el poder y en las cuales no se podía ceder. No era un ejercicio de imaginación, sino de memoria, de repaso histórico y de lealtad a las propuestas de los fundadores. ¿Qué acaso las ideas panistas sólo sirven para criticar al poder pero no para ejercerlo? ¿Qué acaso no hay la convicción firme de que esos principios siguen siendo válidos para gobernar? Traigo a la memoria la frase de Tolstoi: “Es injusto pensar que el ideal de la perfección en el infinito no puede servirnos de guía y que debemos abandonarlo o rebajarlo al nivel de nuestra flaqueza. Ese razonamiento es parecido al de un navegante que, al no poder seguir la dirección indicada por la brújula, la arrojase por la borda diciendo que no le sirve para nada”.<br />
La mínima obligación del PAN al llegar al poder debió consistir y consiste en distinguirse de la forma en que se ha hecho política. Ahí está la fuente de su legitimidad y el estímulo de la esperanza. Su doctrina se sustenta en los pilares básicos de la cultura occidental: la filosofía griega, el derecho romano y la religión judeocristiana. La idea de la dignidad ha sido la fuente más fecunda del pensamiento político. De ahí, de una u otra forma, se desprenden todas las expresiones en defensa de los derechos humanos. Desde la esfera mínima de las libertades, hasta los derechos sociales, que consisten en brindar al ser humano las condiciones básicas para alcanzar el bien común.<br />
Las turbulencias y tribulaciones que agitan hoy el escenario político nacional solamente pueden ser apaciguadas con una política de principios y el PAN los tiene. Por elemental congruencia, con todo y sus consecuencias, debe sostenerlos en cada uno de los asuntos de la agenda nacional.<br />
Retomando el pensamiento de Borges, ahora transcribimos una idea de quien yo considero un gran líder del siglo XXI, Barack Obama: “Muy de vez en cuando, viene un momento en que tenemos la oportunidad de reivindicar las mejores esperanzas que tenemos sobre nosotros mismos… no estamos destinados a ganar, pero estamos destinados a serle fiel a nuestros principios. No estamos destinados para el éxito pero estamos destinados a dejar resplandecer la luz que llevamos dentro”.</p>
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		<title>La parafernalia ideológica</title>
		<link>http://xpresandote.com/2010/05/10/la-parafernalia-ideologica/</link>
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		<pubDate>Mon, 10 May 2010 21:08:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rodriguez Prats</dc:creator>
				<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[ideológia]]></category>

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		<description><![CDATA[Juan José Rodríguez Prats 2 de mayo de 2010 Hace algunas décadas, tuvo gran repercusión en México un libro denominado El hombre mediocre del argentino José Ingenieros. Hay un párrafo que no me resisto a reproducir: “En ciertos periodos la nación se aduerme dentro del país. El organismo vegeta; el espíritu se amodorra. Los apetitos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong> </strong></p>
<p><strong>Juan José Rodríguez Prats</strong></p>
<p><strong>2 de mayo de 2010</strong></p>
<p>Hace algunas décadas, tuvo gran repercusión en México un libro denominado <em>El hombre mediocre</em> del argentino José Ingenieros. Hay un párrafo que no me resisto a reproducir: “En ciertos periodos la nación se aduerme dentro del país. El organismo vegeta; el espíritu se amodorra. Los apetitos acosan a los ideales, tornándose dominadores y agresivos. Es el clima de la mediocridad”.</p>
<p><span id="more-8126"></span></p>
<p>Me parece que hoy, más que el crimen organizado o la inseguridad, el problema más grave para México radica en la pobreza espiritual de su clase política, que adolece de una falta grave de sentido común y que no está comprometida con la verdad y con el reconocimiento de los hechos, primer deber ético. Hay una enfermedad que penetra hasta los huesos y que nos lleva a problematizar toda solución. La mezquindad partidista y la estrechez de miras han estancado el proceso para consolidar nuestra embrionaria, pervertida y precaria democracia.</p>
<p>Atrincherados en un discurso político que se caracteriza porque cada quien se siente dueño de la verdad, por la falta de racionalidad, porque prevalece el insulto y la descalificación, los avances resultan prácticamente imposibles. De esa manera no nos aproximamos a los acuerdos. Tenemos que repensar la política y propiciar un lenguaje diferente que pueda permitir el verdadero diálogo y conducir al consenso.</p>
<p>Me permitiría señalar algunos ejemplos de notables contradicciones, incongruencias y graves fallas.</p>
<p>Andrés Oppenheimer, en su libro <em>México en la frontera del caos </em>(pp. 173-174), relata que Alberto Anaya le confirmó que Carlos Salinas lo había alentado a crear el Partido del Trabajo, agregando que “México es un Estado napoleónico, paternalista”, en el que “el gobierno paga todo, hasta para que lo critiquen”. En ese partido está hoy Andrés Manuel López Obrador.</p>
<p>Un gobierno puede definirse como de izquierda o de derecha, pero la consistencia ideológica se mide por el buen o mal uso de los recursos gubernamentales. Los políticos mexicanos somos malos para administrar lo ajeno. Bastaría analizar la forma en que las dependencias de gobierno invierten los recursos del pueblo de México. Los gobiernos estatales destinan cuantiosos recursos en publicidad. En el Estado de México, el candidato que ya se identifica con la ultraderecha, ha saturado en tal forma el territorio de esa entidad que no me extrañaría encontrar espectaculares en el Nevado de Toluca. López Obrador presumió en su campaña para Jefe de Gobierno, que le daría prioridad a la inversión que beneficiara a los pobres. Sin embargo, en lugar de dotar de agua potable y drenaje a la delegación Iztapalapa, prefirió construir el segundo piso que, según se infiere por datos aislados –que no por información proporcionada por las autoridades–, su costo rebasa los cinco mmdp. Un ejercicio costo/beneficio, además de demostrar lo poco funcional de la obra, concluiría que favorece a los sectores más pudientes del D. F. Amalia García presume hacer en Zacatecas un gobierno de izquierda, pero si se analizan las grandes decisiones en materia de inversión, resulta que su gran obra es la construcción de oficinas públicas. ¿Es ésta la prioridad en un Estado con tantas carencias?</p>
<p>Jesús Ortega se define como de nueva izquierda. Sin embargo, en la campaña federal del 2009, la publicidad de su partido consistía en convocar a la ciudadanía a consumir los productos nacionales, idea sostenida en las primeras décadas del siglo XIX por el padre del pensamiento conservador, Lucas Alamán.</p>
<p>Alejandro Gómez Arias, en el remoto año de 1955, escribió que muchos “observadores sinceros”, consideraban al PRI como “un organismo burocratizado, inerte, irremediablemente desprestigiado y, aunque parezca paradójico, como el más conservador de los partidos de nuestra escena política”. El PRI, hoy, confirma este diagnóstico. Se ha opuesto a todo tipo de reformas, aun a las que propuso desde el poder. Me duele en lo personal que una reforma tan noble, aprobada prácticamente por unanimidad en la Cámara de Diputados para darle efectos generales al amparo en materia fiscal, fuera frenada en el Senado por gestión de importantes despachos y de los grandes contribuyentes. Tampoco quieren aprobar una reforma energética para que haya inversión en México. Prefirieron, cuando gobernaban el país, que Pemex se asociara con la Shell para establecer una refinería en Houston.</p>
<p>Del PAN, ya me encargaré en otro artículo.</p>
<p>¿Qué propondría yo en este escenario? Que, antes de las ubicaciones ideológicas, precisemos algunos principios fundamentales:</p>
<p>1) Quien es deshonesto, no es de izquierda ni de derecha. Para sustentar una ideología, se requiere autoridad moral.</p>
<p>2) Quien es irresponsable, no realiza la tarea fundamental del político, que consiste en asumir deberes.</p>
<p>3) Desconfiemos de las autodefiniciones, que siempre optarán por lo más atractivo y lo más fácil. Analicemos mejor actitudes y conductas.</p>
<p>4) No se es de una ideología de una vez y para siempre, pues los virajes en este campo, por razones muchas veces legítimas y otras veces de intereses, ocurren en política todos los días.</p>
<p>En resumen, ante la confusión de hoy, retornemos a algo elemental: una política de principios.</p>
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