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Archivos por Categoria para Historias

“Con sabor a gloria” – los dulces de Linares, NL

Con motivo del reciente interés surgido por “las glorias” de Linares, desempolvo un texto que escribí hace varios años y publicó México desconocido en su revista No. 251, correspondiente a enero 1998. El enlace en Internet del texto publicado es Con sabor a gloria.

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Mitos y leyendas del Noreste de México: Juan Oso

Comparto dos relatos sobre Juan Oso, un personaje de quien se cuentan muchas leyendas en la Sierra Madre Oriental, principalmente en Nuevo León, noroeste de Tamaulipas y sureste de Coahuila. Al final incluyo algo sobre los dos municipios neoleoneses donde escuché estas historias.

Antes de entrar en detalle, han de saber que Juan Oso, o El hijo del oso, es el nombre genérico que se le da a un héroe dentro del folclor europeo y asiático donde, según estudios, existen más de 300 variantes de relatos en 20 idiomas. Sin embargo, la esencia de la historia es la misma desde su forma más primitiva hasta la más actual: un oso, una mujer raptada y un hijo, engendro de ambos.

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El regreso de Brutus

Después de años volvía el famoso y legendario Brutus. Luego que por fin darse cuenta su familia que Brutus no tenia remedio, que la naturaleza le había dado la energía suficiente para destrozar todo y a la vez se había ensañado en embrutecerlo cada vez más. Brutus nunca pudo acabar el colegio, siempre lo andaban largando por sus desmadres, por sus locas ocurrencias, por sus precipitadas reacciones. Brutus simplemente es un salvaje, alocado, un ser anormal, un animal no doméstico.

Cuando escuché la noticia, fui al parque más cercano, un lugar horrible donde Brutus gustaba ir a lanzar pelotazos contra la pared. Llegando observé que un par de chicos sacaban a su amigo sangrando entre hombros, uno de ellos dijo: ya vez te dije que no le quites la pelota al loco de Brutus. Eso era suficiente para saber que el famoso Brutus hacia de las suyas. Pude observar a lo lejos que se trepaba entre las paredes para huir de las reprimendas. Los deportistas esparcidos murmurando el incidente presenciado me dijeron que no entendían a Brutus, simplemente todos jugaban muy bien hasta que vieron peligrar la defensa de su equipo por el ataque delantero de Brutus, por tal motivo el defensa salió a quitarle la pelota (algo imperdonable para Brutus). Ello desato su ira y se lanzo con alevosía al adversario logrando sacarlo del campo brutalmente.

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Bailando en Brooklyn

Caminaba con Walter por Manhattan. Ingresé con él a una impresionante tienda, donde para mi fortuna vendían ropa espectacular. Toda la ropa me gustaba, toda la moda era especial. New York posee lo último en moda, trajes finísimos que costaban varios miles de dólares. Walter me regaló un sweater muy ceñido de color crema, me dijo que me quedaba bien y que podría llegar atraer miradas. Tentado por sus buenos deseos sin vacilar me lo puse en ese mismo instante y le dije: llévame a un buen lugar donde pueda gastar los dólares obtenidos de la fábrica de mentas, un lugar donde pueda bailar y conocer gente, después de todo era la hora de conocer la otra cara de New York.

Me llevó a presentarme un amigo gay, él cual se porto respetuosamente. Subimos a su coche y nos dirigimos para Brooklyn. El camino era espectacular, la noche llena de luces que adornan los puentes mostraba la gran diferencia que había entre mi país y este nuevo lugar. Me sentía lejos de casa, invadido de cierta nostalgia pero feliz de ver otras realidades, otros lugares. Cuando intente unirme a la conversación quede espantado de escuchar tantas mariconadas en tan poco tiempo, sumado a mi entonces intolerancia a los gays quise bajar del auto, pero recapacité y me dije a mi mismo que al fin y al cabo era su vida de ellos y su opción de ser gay y mientras no se metieran conmigo la fiesta podría ser llevada en paz. Mientras tanto todo quedo nublado cuando pasamos por el bellísimo puente que esta al salir de Manhattan, Las luces resplandecientes que se ven por doquier, adornando la enorme ciudad y las modernas limosinas una tras otra. Dije: esta es la ciudad de mis sueños, el lugar perfecto donde morir.

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El Beatle con más mala suerte, que no fue… y se quedó a las puertas del Olimpo…

“Me ha tocado la mala suerte de tener que decirte que los muchachos no te quieren en el grupo, Peter -murmuró Brian Epstein- …eso es todo” y desvió la vista de su estupefacto interlocutor.

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Dícese…

Dícese que en Guadalajara, Jalisco, allá por el año 1910, nació un lindo niño:

Nuestro Protagonista….

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Juicio histórico a Francisco de Urdiñola, ¿culpable o inocente?

Histórico proceso a Francisco de Urdiñola,

¿culpable o inocente?

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En búsqueda de la verdad

Eran los años de infante, estaba en la primaria de un colegio bautista, todo el tiempo nos tenían colmados con la gran cantidad de cánticos cristianos, cantos en la formación, oraciones al entrar al salón, versículos de memoria y las clásicas historias bíblicas. Su misión de ese colegio estaba clara, todos estábamos llamados a ser adeptos, creer en su deidad superior y finalmente terminar en el cielo si cumplimos todo lo estipulado en la Biblia, en caso contrario nos quemaríamos en el infierno condenados al sufrimiento eterno donde desearemos hasta morir pero ni eso se nos concedería.

El niño serio y parco del salón era yo, siempre sentado aun rincón, pero yo me entendía como el que no le parecía gracioso sus bromas tontas de los otros niños mimados, tampoco me parecía agradable cantar lo mismo cada rato y creer todo con facilidad. Casi todo me generaba suspicacias, y eso no cambió con los años. Aun regreso a menudo a ese mundo de preguntas existenciales. Entonces en ese lecho de incertidumbre caigo en cama, ese colchón de mi cuarto que podría algún día ser un lecho nupcial o quizás seguir condenada a un lugar donde tirar el cuerpo y tan solo descansar y pensar.

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Cuento de un coyote entre dos mundos

Dice un dicho norestense que la chiva siempre termina ganando p’al monte, pero, yo digo, que si no se cuida, la chiva, puede terminar en la ordeña o, en el peor de los casos, en un restaurante de cabrito. En cambio, tenemos por ahí otro dicho que nadie ha dicho ni es dicho, pero se me acaba de ocurrir: al coyote puedes tratar de domesticarlo, y aunque creas lograrlo, más temprano que tarde regresa a su estado indómito. Y bueno, ¿qué tienen en común la chiva y el coyote? Pues que ni juntos ni revueltos ambos siempre terminan ganado p’al monte.

Ésta es la breve historia de un coyote que le gustaba moverse sigiloso entre dos mundos: cuando andaba allá, era coyote; cuando andaba acá, se transfiguraba en humano y vivía, pensaba, soñaba, comía, hablaba y hacía todo como cualquier humano. Un buen día, este coyote sigiloso y huidizo, estando en su faceta de humano, se enamoró de una hermosa mujer; tanto le gustó ese sentimiento que decidió quedarse a vivir como hombre. Tatuada de amor por él también, la mujer le enseñó grandes cosas: ser sociable, saber amar, compartir sentimientos, saber tratar asuntos de pareja, entender ciertos códigos del ámbito humano y muchas más. Era tanto el amor mutuo que incluso él trató de corresponderle enseñándole a hablar en su idioma, el cual ella no pudo aprender. También la llevó a conocer su hábitat, aunque lo hizo en forma humana. Ella aceptó, gustosa, intrigada y enamorada, pero nada descubrió que fuera de su interés. Era una mujer práctica, princesa de ciudad, adherida al cemento; el monte y las realidades alternas rebasaban su comprensión y desconocía los códigos de peligros inherentes en un ámbito natural. De cualquier modo, su devoción era tal por este coyote hombre medio anacoreta que hizo todo lo posible para domesticarlo o humanizarlo un poco más. El inconsciente coyotuno de este ser dual, sin embargo, era muy fuerte y lo jalaba hacia lo entrañable de su espíritu. Pese a que amaba a tan bella mujer como nunca había amado a una coyota, por momentos sentía el llamado del monte e intuía que debía darle otro giro a la historia, acaso terminarla. Pero, al mismo tiempo, el sentimiento del amor humano era demasiado poderoso.

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Chupes y su nueva vida

Los conocidos del barrio vociferaban seguido en un tono burlesco que chupes estaba cambiando, debido a que conoció un buen amigo. Ya no era el mismo de siempre, no se le veía como dos semanas por las cantinas de la zona, a cambio de ello era un hombre altruista y cortés, elegante para hablar, buscando siempre un ángulo para inculcar la palabra de dios. Andaba siempre pulcro y bien peinado a la iglesia de la zona con su amigo, buen samaritano.

Todo marchaba perfecto, a mi mismo me parecía una actuación hasta que al cruzar la avenida cerca a una “casa de la golosina” lo pude ver comprando una soda. Realmente me sorprendió, tenía los zapatos tan brillosos que el podía ver su rostro allí, vestía un terno de color marrón oscuro y se dirigía a una llamada célula (lugar donde se reúnen a predicar la palabra de cristo). Chupes me miró y me dio la mano con su respectivo bamboleo, acentuando una sonrisa triunfadora. No se resistió de lanzarme su predica, entonces improvisó unas palabras:

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