Creí que era de noche…
Y la luna me alumbró

Como es la primera vez que este condenado sitio me deja entrar, les voy a pasar unos chistes para alegrarles el día.
Saludos y Bendiciones :razz: Seguir Leyendo »
… Se puso a llorar de desesperación, de frustración por no saber que hacer. Sintió que la puerta de la habitación se abría pero no le hizo caso. Siguió con su llanto hasta que una mano toco su hombro. ——————————————————— CHAPTER 27: CONFESIONES Y DECISIONES Giró la cabeza para ver quien interrumpió su llanto y se encontró a Andrew mirándola con tristeza. Se irguió para quedar a su altura y mirándolo a los ojos, habló. -¿Qué haces aquí?- dijo ella mientras se secaba el rostro con las manos -Vine a hablar contigo y una de las empleadas me trajo aquí -Tu y yo no tenemos nada de que hablar así que por favor te pido que te retires. -No, no me voy a ir hasta que me escuches. Llevo meses tratando de hablar contigo, de explicártelo todo pero me ha sido imposible. Ahora que te tengo aquí no voy a perder esta oportunidad. -¿De veras crees que yo quiero que me expliques? Suficiente tengo con lo que me dijiste aquella vez -Yo nisiquiera sabia lo que hacia- dijo el subiendo un poco la voz- estaba dolido, confundido… ¿Cómo te sentirías tu si te enteras de que la mujer que por muchos años creíste tu madre no lo es? -¿Co…Como te enteraste de eso?- dijo Isabella nerviosa -Lo escuche cuando tu y… Katherine hablaban aquel día… Me sentí mal al darme cuenta de que he crecido en una familia que nisiquiera es mía. Momentos antes yo era el hombre más feliz del mundo porque creía que tú y yo por fin íbamos a estar juntos sin que nos importara nada más que ser felices pero al enterarme de la verdad supe inmediatamente que esa habia sido la razón por la cual regresaste y por la cual estuviste conmigo esa noche. Me sentí engañado. Yo era capaz de ir al fin del mundo con tal de estar contigo. A mi ni me importaba que tu fueses mi hermana y en esos momentos pensé que tu pensabas lo mismo pero me equivoqué. De no ser por esos expedientes tu nunca hubieses regresado y yo seguiría aquí, esperando a que por fin tu entendieras que ninguno de nosotros puede vivir sin el otro- Isabella miraba a Andrew directo a los ojos tratando de comprobar la veracidad de sus palabras. Como estaba recostada de la cuna sintió como el bebe se movía y se giro para ver como estaba. Vio que se habia despertado y con toda la calma del mundo lo cargó -Si todo lo que dices es cierto, ¿Por qué me trataste de esa forma aquel día?- dijo ella tratando de fingir indiferencia pero le importaba mucho lo que el pudiera responderle. -No lo se y aun hoy trato de encontrarle una respuesta a mi comportamiento- dijo el dándole la espalda. Estuvo unos minutos en silencio y luego habló- Yo se que tu rehiciste tu vida y que ya te olvidaste de mi y que me odias por lo que te hice, créeme que te entiendo. No te pido que me perdones porque se que te estaría pidiendo demasiado, yo solo quería que supieras que nada de lo que te dije era cierto. Yo te amo. Siempre lo he hecho y nunca voy a dejar de hacerlo -Andrew, yo… -No, no digas nada. No tienes que darme explicaciones. Yo solo quería que lo supieras y como ya lo he hecho, me voy- dijo el saliendo del lugar. Isabella no supo como reaccionar ni que hacer. Se quedó parada en el mismo lugar, con la mirada perdida, tratando de tomar una decisión. No sabía que hacer o que decir. Los pensamientos se arremolinaban en su cabeza haciendo que se sintiera mareada. Andrew por su parte, caminaba perdido en sus pensamientos, sintiéndose mas liberado al confesarle todo a Isabella. Mientras caminaba apaciblemente por el pueblo, se encontró a Amanda la cual, como siempre, estaba de compras. -Andrew, cariño- dijo ella con una voz melosa y acercándose a el -Amanda- dijo el con cierto tono de fastidio que ella no llego a notar -¿Qué haces tan solito? Si quieres yo puedo hacerte compañía-dijo ella caminando a su lado -Preferiría que no lo hicieras. Quiero estar solo. ¿Por qué mejor no sigues de compras? -Porque quiero estar contigo -Pero yo no quiero que lo hagas- dijo el empezando a enojarse -Es por ella ¿verdad? Por la nueva mujer que llego al pueblo. ¿Acaso la quieres unir a tu larga lista de conquistas? ¿Qué pasaria si yo le cuento todo? -Pierdes tu tiempo amenazándome. No creo que ella te haga caso porque sabe de sobra como eres- dijo el deteniéndose y mirándola a los ojos amenazadoramente -Ya veo que tu y tu amiguita se han encargado de llenarle la cabeza en mi contra- dijo ella en el mismo tono que el -No hace falta porque Isabella sabe perfectamente la clase de basura que eres -¿I…Isabella dijiste? -Si, Isabella. Y mas te vale que no trates de hacerle algo a ella o a su bebe porque te las verás conmigo -Así que la mosquita muerta tiene un bebe. Que interesante- dijo ella con un deje de diversión y maldad en la voz -Te lo advierto, Amanda. Aléjate de ellos- dijo el amenazándola -¿Acaso ella no tiene un esposo que la defienda? ¿O fue lo suficientemente estúpida como para quedar embarazada antes de casarse? -Limítate a tus cosas ¿si? Y ya vete que tu sola presencia me fastidia -Está bien. Me voy pero no te acostumbres a estar sin mi- dijo ella acercándose a el para darle un beso pero el la detuvo Al día siguiente y después del desayuno, Isabella recibió la visita de Elizabeth la cual corrió a quitarle el bebe en cuanto la vio. -Por Dios, Eli. Pareces una niña con un juguete nuevo- dijo Isabella riendo -Cállate ¿si?- dijo Elizabeth jugando con Cristhian -¿Donde dejaste a Jack?- dijo Isabella señalándole una silla para que se sentara -Arreglando todo para nuestro viaje de Luna de Miel- dijo ella con una gran sonrisa. Isabella la miró con algo de melancolía y luego esbozó una débil sonrisa al darse cuenta de que su amiga la miraba. -Bella, estas muy rara. Te noto algo…ida -Lo que pasa es que estoy hecha un mar de confusión. No se que hacer, o pensar… -Tiene algo que ver con Andrew, ¿verdad? -Si- dijo ella apoyando los codos en la mesa y tapándose el rostro con las manos -¿Todavía lo quieres?- dijo Eli prestándole su total atención -No lo quiero. Lo amo. Lo amo más que a mi propia vida -Entonces, ¿Qué esperas para ir a decírselo? -Las cosas no son así de fáciles, Eli -Pero tú puedes hacer que lo sean, Bella. El esta solo, tu eres viuda, no hay ningún vinculo de sangre y lo mas importante es que se adoran. Para que estén juntos solo falta que tú te atrevas a dar el siguiente paso. Isabella escuchaba atentamente las palabras de su amiga mientras miraba el hermoso paisaje que le ofrecía su jardín. Su cabeza se llenó de recuerdos felices, momentos en los cuales solo estaban ellos dos y justo en ese momento se dio cuenta de que amaba a Andrew desde que era una niña. Amaba su forma de ser, lo maravillosamente lindo que era con ella, sus hermosos ojos grises…amaba todo de el. Lo amaba y cada vez que esto resonaba en su cabeza le daban ganas de salir corriendo, huir. Tenia miedo, cada vez mas, ya que estaba dejándose llevar por lo que sentía y si el la traicionaba al igual que la ultima vez, no lo resistiría. Su amiga se dio cuenta del dilema en el que estaba y volvió a tomar la palabra. -Se que tienes miedo, miedo a arriesgarte pero la vida es eso, un montón de retos los cuales tenemos que pasar. La vida te ha dado miles de oportunidades par estar con el, ¿Qué te asegura que esta no sea la ultima? Aprovéchala, Bella. No dejes que nada ni nadie interfiera en tu felicidad ni en la de tu bebe. -Si, la vida me ha dado miles de oportunidades para estar con el pero el destino se ha encargado de separarnos. -Esta no es una pelea, Bella, es solo la recta final de una pista de obstáculos. Tú decides si seguir ahí en la última prueba o llegar a la meta. Es tu decisión y por mas que yo te hable y te hable, solo tu decidirás que hacer -Ese es el problema. No se que hacer- Eli se puso de pie y le puso el bebe en los brazos y dispuesta a irse dijo
-El te ayudará a tomar una decisión.
¡Hola Mami! Recibe un saludo de tu hijo que no quisiste conocer. Te escribo esta carta para decirle que vivo en el cielo y junto a Diosito. ¡Mami, yo tampoco conocí tu rostro No porque no lo deseara, sino porque no quisiste darme la oportunidad.
Sólo conocí tu voz cuando a solas decías Por qué? ¿Por qué?”, y llorabas por haberme concebido. Yo me estremecía al oír tus planes de visitar la sala del aquel sitio donde mataban a los niños (esto quiere decir el lugar de abortos).