24/Ene/08.- Lo ocurrido en el valle de México en días pasados, es algo mas allá de un choque de corrientes, la explicación de los expertos, sin querer alarmar a la población, que de por si ya siempre esta a la defensiva, fue “mezcla de aire caliente y frió, provocando un fenómeno que se denomina celda conectiva”. Mas allá de una explicación técnica, que siempre son importantes, lo que este fenómeno provocó en: calles, avenidas y viviendas, fue de expectación en la ciudad, cuando el suministro de energía eléctrica fue suspendido, ya que en la mayoría de los casos cuando esto sucede, no va más allá de 20 minutos, en este caso, la ausencia de la energía eléctrica fue hasta de más de 48 horas. En avenidas y calles en donde te intercepta un semáforo, el siga, alto y precaución no destellaban como normalmente estamos acostumbrados a verlos, poniendo a prueba a todos los automovilistas de la capacidad de respeto y tolerancia ante la crisis vial; por lo tanto, puedo decirles que en este aspecto, hablando personalmente de lo que observe, no estamos tan mal, pero sin decir que estamos bien; nos falta mucho aprender a vivir en una ciudad la cual día a día nos pone a prueba. La mayoría de los comercios cerraron sus puertas, ya que la delincuencia esta a la expectativa y aprovechan cada oportunidad para hacer de las suyas. La ciudad era otra, eran apenas las ocho de la noche y esta ciudad dinámica, en ese momento lo había perdido. Me toco recorrer la Av. Insurgentes Sur y este era el panorama: fue muy impresionante a lo largo del recorrido ver las estaciones del MetroBus en total oscuridad, experimente un fenómeno de una ciudad abandonada, y por otro lado haciendo contraste, por supuesto, con el extremoso tráfico, ya que de repente los usuarios de este sistema de transporte, simplemente, desaparecieron. Árboles, espectaculares y algunos techos de negocios, unos caídos y otros por caerse, las autoridades sobre todo de protección civil, esparcidos por toda la ciudad tratando de que el caos fuera mas leve. A los largo y ancho de la ciudad existe múltiples peligros, pero lo que si las autoridades tendrán que aplicar un plan emergente para revisar las condiciones en que se encuentran los árboles, hay camellones, calles en donde el desarrollo urbano a dejado al descubierto las raíces de los árboles, otros son árboles muy viejos que a la minina ráfaga de viento precipitan su caída, la ciudad de México como muchas ciudades requieren un mantenimiento permanente, pues están expuestas a fenómenos impredecibles. Alguien dirá que lo que sucedió no tiene que ver con el calentamiento global, que el fenómeno de el choque de corrientes de frió y caliente es un fenómeno natural, pero yo no estaría tan conforme con quien piensa así. Todo fenómeno esta relacionado con secuencias pasadas, todo tiene un antecedente y la ciudad de México es representativa de una contaminación fuera de los niveles máximos permitidos. Los espacios de recreación, en relación a su población, cada vez se acotan y la ciudad enfrenta una transformación urbana, por lo tanto le estamos sacando más de lo que la ciudad tolera, como por ejemplo: segundos pisos, derrumbe de viviendas para construir condominios, donde se consumían 150 m3 de agua ahora llegará a consumirse hasta 7 mil m3. Es claro que estos y otros fenómenos se repetirán, pero también es cierto que podemos prevenir y esta cultura la debemos hacer parte de nuestra vida cotidiana. Pero aun así nos damos cuenta que la naturaleza se esta cobrando lo que estamos arrebatándole de más, reflexionemos sobre esto, y sobre todo pongamos nuestro granito de arena para cuando menos retardar los efectos. Todos sabemos como contribuir desde nuestros hogares como en la colectividad, ¡hagámoslo ya!. R. Agustín Ramos Arizpe