Hace tiempo, para cumplir una tarea, tuve que investigar las costumbres para casarse en diferentes culturas. Yo no sabía, hasta entonces, por ejemplo, que los Harems cuentan sólo con un cierto número de esposas -muy distinto a lo que yo pensaba- porque el límite es cuántas esposas ese hombre puede realmente mantener, con todo y sus respectivos hijos; es decir, que mientras más esposas, más grande es la fortuna del esposo.
También supe de las culturas que aún ahora siguen practicando la costumbre de “arreglar” los matrimonios de los hijos, aún desde que nacen. Juro que no soy taaaaan ignorante, pero esta situación se me hacía más bien de cuento de hadas que de la vida real. Y creo que no es solamente cuestión de países, sino también de religiones, de clases sociales, de épocas, y hasta de pueblos específicos.
En alguna ocasión vi un video sobre una isla del Pacífico, en donde el prospecto de yerno pagó a su suegro una dote de muchas ovejas, muchos caballos y muchas vacas. Cuando la boda se iba a realizar, las señoras vecinas se morían de envidia, porque de jóvenes, sus maridos no habían “pagado” por ellas más que DOS o TRES vacas. Ese muchacho estaba poniendo el mal ejemplo, y a partir de entonces todas las muchachas iban a resultar mucho más caras. ¡Y esa historia no era de épocas ancestrales!
Mis propios abuelos tuvieron también su historia. El abandonó el pueblo para irse a la gran ciudad para trabajar muy duro, ganar mucho dinero, y poder regresar al pueblo para tener derecho a casarse y llevarse a mi abuela para vivir a su lado hasta que la muerte los separara. Y aquellas mujeres como mi abuela hacían lo mismo que ella… respetaban al marido y permanecían a su lado a pesar de cualquier pesar.
Recuerdo ahora la obra “El Violinista en el Tejado”. Hay una canción que el marido le canta a su esposa, preguntándole: “¿Me amas?” y ella le va contestando cosas como:’He vivido contigo 25 años… te he cuidado al estar enfermo… tenemos varios hijos…te preparo la comida… y te lavo la ropa…y…y…y…” Las respuestas se intercalaban con la insistente pregunta de él: “Ya lo sé, pero… ¿me amas?…” Y no recuerdo que ella le haya dicho finalmente un “Sí te amo”, pero sí me quedó claro que ella ahí estaba, a su lado, y así seguiría hasta el final de la vida.
Ahora, en pleno siglo XXI, las cosas han cambiado tanto, que tengo amigos y parientes que encontraron a su medias naranjas, ni más ni menos que ¡en Internet!… y pasan los años, y ahí van, de la mano por la vida… ojalá que hasta siempre.
Sin embargo, en este mismo siglo XXI, conozco montones y montones y montones de divorciados, y también de “separados”.Y ninguno, absolutamente ninguno de ellos, es alguien por quien hayan “pagado” unas cuantas vacas, ni sus matrimonios fueron arreglados por razones de “sangre real”, ni por motivos de “salvación de fortunas”.
Por eso me pregunto cómo le hacían esas parejas “de antes” para acoplarse a vivir con un auténtico desconocido. Yo misma no me puedo imaginar siquiera viviendo con alguien a quien ni amo ni conozco, ni aunque hubiera “pagado” por mí todo un ganado completo.
¿Qué será lo que ha cambiado tanto? ¿La sumisión de las mujeres se volvió tan revolucionariamente feminista que las convirtió en enemigas de los hombres? ¿La libertad de los hombres solteros es tan altamente apreciada que los casados prefieren recuperarla al precio que sea? ¿Los niños “de antes” necesitaban un papá y una mamá, pero los de ahora ya son electrónicos o tal vez, cibernéticos?
La mayoría de las parejas que conozco se han casado por AMOR y se han separado por un DESAMOR que, como decían las abuelitas… “!Que Dios guarde la hora!”
He asistido a bodas en las que parece que los novios “flotaran” en un mundo color de rosa… y después he tenido que prestar mis hombros, tanto a ellos como a ellas, para que la cabeza y el corazón no se les hundan en los charcos de lágrimas que van formando. Y a veces lloran por su enorme soledad, pero otras, por un ODIO que da miedo, contra quien ahora es su contrincante, y antes era su “perfecta mitad”.
¿Qué pasa entonces con el amor? ¿Surge a primera vista y se acaba a segunda vista? ¿O será que si se muere, es porque realmente nunca vivió?
Como dice el personaje de Eugenio Derbez… ¡Que alguien me explique!… ¡Que alguien me expliqueeeeeee!!!!!!!”