Si no estuvieses conmigo, mi vida continuaría sucediendo por inercia, por costumbre, ineluctable sucesión de lunes y domingos, de miércoles desaparecidos, saqueada de enigmas, sin colores, sin lienzos, sin trazos, sin contrastes, sin matices, pero sí… sí estás conmigo. No sé por dónde pero llegaste, no sé desde cuando pero venías, Te amo, ahora lo sé con la contundencia de mis manos, que tienen la caricia exacta para ti, está lejana tu boca, está cercano tu nombre que me bebe los labios y me adivina los besos, tu boca es el verbo, tu nombre es el código, eres mi refugio, mi atemporal destino.
Sí, eres toda mi soledad pero no estoy solo, eres mi otra sonrisa, hembra de sales polares, retomo el futuro prometido, el nuestro, como el páramo que espera, la tierra húmeda, ahí donde bebo tus cabellos a bocanadas rítmicas, en voz baja y en susurros, donde hay un perfume, aquel lugar donde te hallo y me hallas, donde aspiro la esencia de un mar lejano, y me refugio sigiloso, hiperbólico en tu útero.
Vuelvo a decir Te amo con la fuerza de un cosmos que nos mira, no eres un axioma, todo de ti es misterio, y yo amo los misterios, me atraes a tus ojos, me asomo a tus pupilas como un niño, me asombro, traigo las palabras de amor enroscadas en los labios, para decirlas como en un beso de arcilla sobre tu costado que sangra luz cuando te veo dormida, y me miras con esos ojos que no mienten, con esa mirada que quiero heredar a mis huesos, hay un Dios que asoma en la rendija del cielo, a ver si aún se escriben cartas de amor los amantes, si aún ven un milagro en cada cenit áureo… espía las luces de las ciudades, estrellas de neón, escaparates de lo efímero, no quiero que la noche nos desdeñe, ni que este invierno nos enseñe a llorar, tampoco quiero que el olvido y el conjuro se amen en esta distancia que acortamos con los dedos. Y nos separen, no, no quiero ni escribirlo, no volveré a pensarlo.
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