Cuando llegamos a vivir ahi, despues de que mi primera infancia la pase en una casa, me parecio poco menos que una carcel. Un espacio diminuto en el que todo se rompia cuando yo intentaba dominar mi balon, que ahora estaba hecho con periodicos o calcetines. Y lo peor es que no teniamos permitido salir a jugar, porque Papa iba a trabajar y volvia hasta en la noche. Solo saliamos a la escuela y a comer en la fondita de a la vuelta, y los domingos, sin falta, al mercado a hacer las compras de la semana. En esas salidas yo miraba con asombro todo lo que me rodeaba, una avenida llena de autos y en los alrededores, barrios bajos, barrios bravos, cantinas que apestaban desde la esquina, vagos que jugaban futbol en la calle y teporochos tirados en la banqueta. Sin embargo, nuestro edificio era nuevo, y estaba enclavado en una especie de “isla” casi de clase media porque estaba llena de comercios y en nuestro estacionamiento habia unos cuantos autos de lujo, ademas del hermoso Barracuda del Papa de Jorge que pronto se volvio viejo. Y muy cerquita, el Palacio, la bella casa de los Carrillo, los ricos del barrio, con quienes hicimos una amistad entraniable ya que Pepe, el hijo, era mi companiero en la escuela, Hilda era la mejor amiga de mi hermana…y su ventana de mi hermano Beto. El senior Carrillo tenia tiendas de articulos para novias en la Lagunilla y una familia maravillosa. Si, yo queria ser tendero de la lagunilla.
Cuando ibamos al mercado, la primera parada era la esquina, el senior del periodico. Un hombre que todas las semanas durante anios y anios y anios, guardo para mi Papa todos los fasciculos de un monton de enciclopedias que todavia conserva. Y tambien apartaba las revistas para nosotros, desde las historietas de Disney y el Archie, hasta el Fibra America y el Borjita de los que tuvimos las colecciones completitas, ademas del periodico “El Heraldo” que en su primera edicion tenia como titular: “Buenos Dias Mexico” y todos peleabamos por leer primero la seccion de los monitos. Ahi parabamos un rato mientras mi Papa era surtido con su monton de revistas y yo veia con asombro el fabuloso fajo de billetes que sacaba el senior para darle cambio…que envidia me daba, si, yo queria ser periodiquero.
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